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jueves 29 de octubre de 2009

CARACOLES EN LA MASONERÍA

Un día, los Maestros grandes de la Masonería dijeron que ella provenía de una iniciación de oficio derivada de las corporaciones de constructores medievales, las que le han transmitido estructura, grados iniciáticos y sus simbólicas relaciones con el Arte de Construir.


Dijeron que la iniciación masónica es la transmisión de una influencia espiritual que en principio es virtual, pero que se va actualizando en la medida que el iniciado se pone a la obra.


También dijeron esos Maestros grandes de la Masonería que esta construcción es al mismo interior y exterior; es interior, en cuanto el masón es él mismo un templo en el que se manifiesta el espíritu; es también una construcción exterior en cuanto que el masón es una piedra del templo que levanta junto a sus hermanos extendidos sobre toda a superficie de la tierra.


Los Maestros grandes de la Masonería siempre han dicho que "el mundo es como somos nosotros, y que si queremos cambiar el mundo, primero debemos cambiar nosotros".


Y para eso es justamente la Masonería: para cambiarnos, para construirnos y reconstruirnos, para ser mejores, para darnos cuenta de que podemos ser mejores y que, con los instrumentos, símbolos y enseñanzas de la Masonería, podamos actuar y ser superiores en la sociedad. En suma, la Logia y la Masonería que en ella se practica es para hacer de los hombres buenos, mejores hombres. Quien piense y actúe de otra manera, esta equivocado entre nosotros y pierde su tiempo y dinero.


Pero otro día aciago, un Caracol altígrado (33º) que habita por estas tierras, dijo:


“Ya basta de simbolitos, de ritualitos y de esoterismos mamones, debemossalir a la calle y fuera de estas cuatro paredes, fuera de estas cuatro paredes, y actuar en política; los masones debemos ir a los actos cívicos y estar cerca de los poderosos para que la Masonería sea grande…”


Y entonces, los demás caracolitos “busca grados”, y que en todo le lamen los talones, aplaudieron así:

“¡¡¡Plap, plap, plap, plap, plap!!!!... Y rieron gustosos con él y alabaron sus dichos.


Y es que los caracoles son así.


Pero bueno. Pensemos bien y con el Compás:


Una cosa es que los masones, como ciudadanos, busquemos actuar en los foros sociales, y otra que nuestra Logias salgan a la calle como si fueran partidos o asociaciones profanas. La Masonería implica una construción triple: intelectual, espiritual y social. De éstas, la espiritual es la más importante, porque el Arte Real es una tradición iniciática, interna, es decir: espiritual.


La Masonería es para los masones y la política, para los políticos, asi de simple; pero, hay masones que quieren ser políticos —o que lo son— y políticos que quieren ser masones.


Los políticos, como tales, que se encuentren, o que se desencuentren, que se entiendan o que se malentiendan, en los foros públicos. Allá, las ideas dividen; en la Logia, la tolerancia se basa en respetar las ideologías personales de los hermanos, siempre que no se pongan en el tapiz de la Logia. Los Landmarks o Antiguos Límites de la Orden son y están vigentes. Sin ellos, la Masonería no existiría.


Pero aquí, en las Logias de la Masonería, los masones debemos dedicarnos a eso, A HACER MASONES para que luego, ya como piedras pulidas, sepan —como ciudadanos— qué es lo que deben hacer, pero sobre todo, que sepan cómo deben hacerlo.


Por algo la Logia es —dijeron los Maestros grandes— "Templo, Taller y Escuela". Los caracolitos no lo saben, o de plano, no lo entienden.


Y por eso, los caracoles —incluso los de “altos” grados— no piensan como masones…

Vemos pues que los grados no otorgan el conocimiento, ni la razón.

¡Piensan como caracoles!
(Autor anónimo)

lunes 19 de octubre de 2009

Masones, ¿quiénes son en realidad?

Por: Juan Carlos Rodríguez
(España)


La masonería es, aún andado ya el siglo XXI, un gran enigma.

La semilla de miedo y confusión en torno a sus actividades que plantó Francisco Franco -hermano de masón y obsesionado con el tema después de que a él mismo se le hubiese negado el ingreso en la Fraternidad- ha prendido lo suyo.

Y, aún hoy, nombrar a un masón es poco más que mentar al diablo.

¿Son masones quienes detentan el poder?

¿Está la masonería infiltrada entre financieros, políticos y religiosos?

¿Es la fraternidad de la escuadra y el compás un gobierno en la sombra?

En los últimos tiempos, el interés por contestar a esta clase de preguntas ha estado espoleados por las especulaciones sobre la filiación masónica de miembros destacados dentro del Gobierno socialista.

Pero antes habrá que responder a otras cuestiones.

El periodista José Antonio Ullate, autor de El secreto masónico desvelado (LibrosLibres) , sostiene que "hay mucha información averiada que se hace pasar por realidad masónica.

Lo cierto es que los masones no son la mano oculta que mueve el mundo ni practican cultos satánicos ni realizan asesinatos rituales.

Tampoco existen superiores ocultos que muevan los hilos de la economía y la política".

Múltiples especulaciones

Según Ullate, el tremendismo contemporáneo, se refugia en un boleo de especulaciones "en lugar de intentar entender los principios filosóficos que rigen las logias".

Es decir, que se prioriza el murmullo antes de conocer la organización, quiénes la forman, cuál es la situación social de sus integrantes o cuáles son sus rituales.

Por eso, Ullate, cuyo devenir es el periodismo católico y, por tanto, goza del beneficio de no ser precisamente masón, se empeña en dar respuesta a "qué consiste ser masón, qué implicaciones tiene o en qué creen".

Un método de formación moral

Su definición de partida, sin embargo, no se corresponde a la realidad.

Al menos, a toda la realidad. Ullate sostiene que "toda masonería es un método de formación moral, cuya base es el naturalismo y el ateísmo y cuyo objetivo dice ser mejorar a los individuos y a las sociedades en las que viven. Los masones excluyen todo conocimiento que no provenga de la razón y se declaran laicos".

Pero vayamos por parte: su definición atiende a una parte de la realidad masónica, en cuanto que la reduce, precisamente, al movimiento más liberal dentro de la diversidad, digamos, de mandiles que lucir.

Cinco obediencias

Al menos, hay cinco obediencias distintas, cada una de ellas con múltiples talleres repartidos por toda la geografía española.

Sus diferencias estriban fundamentalmente en tres puntos: el modo de desarrollar su organización y sus ceremonias según el rito que hayan adoptado, su actitud ante el hecho religioso y la admisión o no de mujeres en las logias.

La escala más librepensadora y abierta, es el Gran Oriente de Francia, que se une con la más conservadora, la Gran Logia de España, la cual, con 150 talleres repartidos por el país, es la única obediencia nacional que reconoce la Gran Logia Unida de Inglaterra.

A partir de ahí, entre las dos hay muchas diferencias. Vayamos por partes.

El Gran Oriente de Francia, una obediencia que afirma contar con 50.000 miembros en todo el mundo, no exige vestir traje, plantea su influencia en el campo político y admite abiertamente que entre sus integrantes abundan los republicanos y lo mismo acoge a la masoneria mixta (varones y mujeres).

Del mismo modo, algunos de ellos se confiesan ateos.

Aunque en el Rito Francés continúan siendo obligatorios los mandiles y collares que informan del rango de quienes los exhiben.

Por su parte, la Gran Logia de España cumple estrictamente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y en consecuencia también son los más tradicionales: prohibición de tratar en las ceremonias temas políticos ni religiosos, y aunque en teoría da cabida a todas las creencias y a todas las ideas que fomenten el respeto mutuo, la obligación de aceptar la existencia de lo que ellos denominan el Gran Arquitecto del Universo deja fuera a los ateos.

Para hacerlo evidente, sus reuniones están presididas por una Biblia (el Corán en un país árabe o la Torá en uno judío).

Ambos Grandes Orientes son hijos de la ilustración, sin duda, pero uno de ascendencia revolucionaria y francesa; otros, más tradicionalistas y británicos.

En la declaración de principios, de la Gran Logia Española, que integró hace décadas al Grande Oriente Español, figura por ejemplo un claro manifiesto político.

"Es recordar la historia de los Ilustrados Españoles, del nacimiento del Liberalismo como doctrina política y de la defensa de los derechos del hombre.
Es, en fin, un Grito de Libertad contra el oscurantismo, la incultura, el caciquismo y la opresión que, históricamente, subyugó al pueblo español hasta el advenimiento definitivo de la Democracia con la Constitución de 1978".

Ambas son obediencias de carácter mixto.

Pero hay más...

Existe otra obediencia fundada en 1893 con el nombre original de Gran Logia Simbólica Escocesa Mixta de Francia: El Derecho Humano, y que pronto cambió su denominación por la de Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain-Derecho Humano, que ahora se extiende por todo el mundo.

Es de carácter mixto y en ella hombres y mujeres trabajan juntos buscando su perfeccionamiento moral.

Además, la Gran Logia Simbólica Española, con talleres tanto masculinos como femeninos o mixtos.

A pesar de admitir mujeres, esta obediencia sigue igualmente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, por lo que declara su independencia de cualquier creencia religiosa, política o social determinada, así que en sus logias también está prohibido discutir sobre estos temas, pero aquí la invocación al Gran Arquitecto del Universo se hace de manera personal, de manera que pueden aceptarla los creyentes de las diferentes religiones, los agnósticos e incluso los ateos, que la interpretan como un concepto filosófico.

Incluso una quinta que, siguiendo el curso de los tiempos, ha acabado constituyendo una obediencia integrada únicamente por mujeres: se trata de la Gran Logia Femenina de España, auspiciada por la obediencia francesa, que cruzó los Pirineos en 1984 y se instaló en Barcelona.

El núcleo de su pensamiento
Otra cosa, como vemos, es que, recurriendo de nuevo a Ullate, estamos ante unas creencias hoy muy frecuentes: "Si a la masonería le quitamos los aspectos rituales y simbólicos y nos quedamos sólo con el núcleo de su pensamiento, nos encontraremos con la Ilustración y la Modernidad".

Es decir, con los principios filosóficos y de legalidad democrática más extendidos en nuestros días: "Si estudiamos la historia de las organizaciones masónicas nos encontramos con que en el siglo XVIII y en el XIX eran sociedades pequeñas que tenían una gran productividad intelectual y una intervención social muy directa. Hoy, sin embargo, las sociedades están en clara decadencia, y más en España, pero la influencia social de su pensamiento es enorme".

Sociedades pequeñas

Entre otras cosas, porque simbolizan el germen constitucionalista español.

No hay que olvidar que el masón español nace con las Cortes de Cádiz, aunque se gesta, como ésta, en el impulso de la Revolución francesa.

Por tanto, sus valores obvios de ciudanía, constitucionalismo, derechos humanos son hoy, como dice Ullate, pan nuestro de cada día. Lo demás, es leyenda.

Si se examina sus ritos, por ejemplo, la masonería, según argumentan sus miembros, "conlleva una concepción del mundo y del hombre basada en los principios de armonía, tolerancia, respeto, progreso, libertad y justicia".

El masón es un "constructor" que mira a Dios como el gran Arquitecto del Universo y admira su obra, procurando fundirse con ella.

Por tanto, no es cierto que los masones simbolicen la "gran apostasía global donde se ha erradicado a Dios".

No. Aunque haya masones que se identifiquen con el laicismo o el ateísmo, la cuestión esencial que sostiene a la mayoría de las obediencias es, precisamente, la obediencia a Dios, a sus símbolos, a su grandeza.

Así lo retratan también Florencio Serrano y Francesc Xavier Altarriba en "La masonería" (La Esfera).

Lo veremos en las siguientes entregas.

En el PSOE hay masones y antimasones. Lo mismo que el PP… Como en las mejores familias.

Para César Vidal, la masonería es una organización que trata de destruir España.

Sin embargo, su hermano, Gustavo Vidal, es un masón que hace apología y difunde el trabajo de masones como Alexander Fleming.

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