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lunes, 14 de mayo de 2007

LA FRANCMASONERIA VISTA POR EL NAZISMO 1


Presentamos a ustedes el libro "La Francmasonería", de Dieter Schwarz, uno de los documentos que contribuyó en la persecución de los masones por parte del régimen nazi, en Alemania y los países bajo su dominio, durante la Segunda Guerra Mundial. Es muy extenso, por lo cual lo publicaremos en 3 partes.

1a Parte

LA FRANCMASONERIA

Por DIETER SCHWARZ

Presentamos este texto que gozó de la aprobación del NSDAP y que fue prologado por el SS-Gruppen Heydrich

PREFACIO

El objeto de la presente obra es tratar en forma concisa los problemas esenciales del francmasonismo. No tiene la pretensión de agotar el tema sino más bien suministrar la documentación fundamental, sobre la base del material auténtico proveniente de los archivos del Servicio de Seguridad del Reichsfhrer SS y de la Policí­a Secreta del Estado (Geheime Staatspolizei) (*), poniendo en evidencia ante la opinión pública el peligro de la Francmasonería y su accionar en el transcurso de los últimos siglos. Quedara como tarea de ulteriores trabajos exponer de modo exhaustivo el antagonismo insoslayable entre la ideología francma­sónica y el Nacionalsocialismo.

HEYDRICH

SS Gruppenfhrer (**)

(*) Gestapo

(**) Grado de las Escuadras de Protección del Partido Nacional socialista Alemán de los Trabajadores equivalente al de Teniente General) (N. del T.)

1ª PARTE:

FUNDAMENTOS HISTORICOS
I
LOS FUNDAMENTOS JUDEO-ORIENTALES


La Francmasonerí­a constituye una forma diametralmente opuesta al Nacionalsocialismo, cuya importancia para la evolución histórica de los dos últimos siglos debe ser evaluada al mismo nivel que la actuación de las demás organizaciones supraestatales: la iglesia polí­tica, el judaí­smo y el marxismo. Constituye la vanguardia liberal burguesa del judaí­smo mundial.

Ella destruye los principios rectores de las Comunidades y sus bases nacionales raciales, posibilita al judí­o la "igualdad" de derechos sociales y polí­ticos (1) y prepara la ví­a a la subversión judí­a al sostener las sofí­sticas tesis de libertad, igualdad y fraternidad, de "solidaridad" entre los pueblos, de la Liga de las Naciones y del pacifismo así­ como por su recusación de cualesquiera diferenciación étnica.

Por medio de sus ramificaciones internacionales, la Francmasonería interviene en la polí­tica exterior de las naciones llevando a cabo, al margen de los jefes de Estado nominales, una Polí­tica mundial secreta.

Para ello, la Francmasonerí­a tiene buen cuidado de que las posiciones claves en la vida pública, económica y cultural de un pueblo sean cubiertas por "hermanos" masones que llevarán al terreno de los hechos los pensamientos del francmasonismo.

El Estado Nacionalsocialista ha desbaratado la organización de la Francmasonerí­a en Alemania. Empero, la mentalidad francmasónica pervive en los antiguos miembros de las logias. Al mismo tiempo, existe el peligro de una nueva infiltración de las ideas francmasónicas desde las logias de los paí­ses extranjeros.

En consecuencia, el estudio de esta tenebrosa organización y el esclarecimiento profundo de nuestro pueblo al respecto significa, no solo una problemática histórica interesante, sino un deber premioso de vigilancia en la lucha contra nuestros enemigos.

No solamente por su organizació la Francmasonerí­a está ­íntimamente ligada al judaí­smo. También el simbolismo francmasón señala por sus usos, términos y signos hebraicos, al judaí­smo como su raí­z verdadera (2). El mundo conceptual y francmasónico es un fiel reflejo de ideas y concepciones judaicas y pro-asiáticas.

El punto central de la filosofí­a del Antiguo Testamento está determinado por el concepto de Yahve como "dios" judaico. En un primer momento imperó entre los judí­os la creencia en un gran número de divinidades regionales, entre las cuales Yahve, como dios del desierto, carecí­a aún de toda importancia, hasta que se buscó en el desierto un "pueblo" (las tribus nómadas de Israel), mediante cuya ayuda podí­a proceder a destronar los demás dioses y con ello posibilitar la conquista y dominación mundial. En el judaí­smo posterior, Yahve fue considerado en primer termino como el dios más elevado, luego como dios único, pero manteniendo con toda fidelidad los primitivos rasgos de su carácter. El nombre de Yahve significa para el judí­o el programa de la esclavización del mundo (Véase lsaí­as, Cap. 60. etc.).

Junto con la evolución del concepto de Yahve se realizóla centralización del culto judaico: los primitivos y numerosos lugares de sacrificios en Canáan fueron reemplazados por uno solo (primeramente Silo, más tarde Jerusalen). La carpa del "pacto" y el posterior Templo de Salomón tení­an validez en tanto "Casa de Yahve". Al igual que el propio Yahve, también el Templo llegó a constituir un sí­mbolo de los planes judaicos de dominación del mundo (Véase Ezequiel, Cap. 40-48 y además en el Nuevo Testamento, Apocalipsis, Cap. 21).

En la época que siguió al exilio babilónico, el judaí­smo "profético" fue completado mediante la "Doctrina de la ley" sacerdotal (Thora) y los "libros de la sabidurí­a" (Jokma). A través de la imitación de la cultura no­ judía se desarrolló un orden social primitivo e incipiente. Simultáneamente Yahve adquirió como "Arquitecto de los mundos" carácter cósmico. Con ello, se inició una postura internacionalista (desarrollo de la doctrina del Mesí­as)

A los pensamientos del Antiguo Testamento se amalgamó en el transcurso del tiempo el estado aní­mico sobre el que se basan los "misterios" sirio fenicios. Los misterios presuponen el sentimiento de pecaminosidad de un ser humano interiormente desgarrado: es a este ser a quien se proponí­an transmitir a través de palabras, signos y actos "mí­sticos", es decir, misteriosos, una "gracia divina" asegurándole así­ la "salvación" y la "bienaventuranza eterna"

Estas tesis desarrolladas en un estilo fantasioso encontraron su expresión en los escritos judaicos "apócrifos" y en el Nuevo Testamento, asíí como en éca posterior entre los "gnósticos".

La totalidad de este conjunto de conceptos ha sido revivida en el simbolismo y la doctrina de la Francmasonerí­a. La leyenda de Hiram, el sí­mbolo del Templo y de sus utensilios de culto, las pruebas del valor unidas a la admisión en la logia, el simbólico ritual mortuorio, las contraseñas secretas, etc.. revisten de formas sensoriales intuitivas lo que la doctrina pone en evidencia. (La formación del ser humano desde la piedra basta hasta el cubo, la obra en un "templo de la humanidad", el "mesiánico "imperio de la paz por "confraternidad mundial" y el rechazo de todas las barreras naturales raciales y polí­ticas dentro de la "hermandad universal", etc.). A este respecto, los sí­mbolos y las doctrinas no han sido desarrolladas en un conjunto unitario a partir de determinadas formas primigenias, sino que se nos presentan como una mezcla multicolor de componentes de la más dispar naturaleza (sincretismo), lo que toma hasta dificultosa la comprobación de la respectiva fuente de origen.

A todos los paí­ses del Poniente, el mundo de las ideas pro asiáticas le fue trasmitido por de pronto mediante la Iglesia, institución que conservó fielmente como "divina" la herencia judaica. A partir del siglo VII fueron influencias arábigas del Islam, en el siglo XI por las Cruzadas y desde el siglo XII, han sido filósofos judí­os (Ibn Gebirol, Maimonides, Cábala) los que originaron una profunda acentuación del mundo de las ideas tí­picamente judaicas. De este modo, paulatinamente el pensamiento judí­o volvió a introducirse en el horizonte de Occidente, de donde habí­a sido desplazado por la escolástica alemana.

En las academias y agremiaciones del Renacimiento llegaron a adquirir especial prestigio las ideas judí­as por intermedio de los "cabalistas cristianos". (Pico de la Mirándola) .

Existí­a, entonces, predilección por el estudio de los escritos hebraicos, pudiendo haber desempeñado en tal sentido un rol notable el excéntrico afán de "misterios" y de extravagancias. Por obras de Johannes Reuchlin y otros, tales tendencias fueron transmitidas hacia Alemania. Se formaron sociedades secretas que mediante la introducción de la alquimia, las matemáticas, la astronomí­a y la astrologí­a así­ como de la magia, trataron de transformar las fantásticas elucubraciones judaicas, con un agregado teológico, en un sistema.


II
LA EVOLUCIÓN EXTRA ALEMANA DE LA FRANCMASONERIA EN EL SIGLO XVII
EL DESARROLLO A PARTIR DE LAS LOGIAS GREMIALES INGLESAS DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

En oposición a la organización de los alpendres, las costumbres y hermandades de los picapedreros en Occidente ya nos ofrecen una imagen histórica de tesitura orientalista, segúnn lo prueban los dos más antiguos manuscritos de los obreros de la construcción ingleses del medioevo: el de Regius de 1390 y el de Cooke de 1450. (A estos dos antiguos documentos siguieron vanos manuscritos del mismo tipo). Estos escritos contienen en la leyenda de la corporación, un compendio de la historia del gremio e instrucciones para el comportamiento dentro del mismo. Es significativo que el contenido de la leyenda gremial se apoye casi totalmente en el mundo conceptual del Antiguo Testamento.

De parte francmasónica se afirma que esto fue introducido en los gremios por los reverendos que, como eclesiásticos, estaban a cargo de la formación espiritual de los integrantes de los gremios ingleses.

Estos reverends desempeñaron aún otro rol importante para la evolució de la Francmasonerí­a. Junto con los patrones nobles de los gremios, que se habí­an hecho cargo de la representación de las guildas frente a las autoridades y el patronato de las guildas, constituyeron los primeros miembros extragremiales de las corporaciones. Con el correr del tiempo se llegó a una situación tal en la que estos patrones y reverendos introdujeron a amigos y parientes como socios a las guildas, que en el ínterin adoptaron el nombre de logias (lodges). Esto sucedió especialmente en las logias de picapedreros.

De este modo, hallamos ya en la segunda mitad del siglo XVII dentro de diversas logias gremiales, una gran parte de tales miembros extragremiales En esas asociaciones, el concepto de corporación profesional fue perdiendo terreno cada vez más, a favor de finalidades totalmente diferentes. Externamente tal evolución se caracteriza por el hecho de que estas logias trasladaron su asiento de las salas gremiales a las tabernas. La hipótesis de que la oposición entre los albañiles gremiales y los socios aceptados no gremiales de las logias haya encontrado su expresión en el término free and accepted masons (masones libres y aceptados), carece de fundamento. Esta designación era empleada para todos los miembros de las logias, incluso para los albañiles del gremio.

Hacia el final del siglo XVII hallamos que el nombre de freemasons (francmasones) ya era generalmente conocido, tal como se desprende de al­gunos escritos de la época y por un conocido episodio acaecido en el año 1688 en el Trinity College de Dublí­n. Por documentos y crónicas del siglo men­cionado se puede apreciar, además, que los miembros no gremiales practicaban ya en las logias una masonerí­a simbólica.

Con el año 1717 comienza un nuevo capí­tulo en la historia de la Francmasonerí­a. En ese año se unieron cuatro logias londinenses para constituir la "Gran Logia de Londres y Westminster", a fin de festejar en conjunto en el dí­a de su patrono, San Juan. Bautista. Para esa fusión se esgrimieron, como puede apreciarse, razones puramente sociales.

Sin embargo, es importante advertir que entre los primeros funcionarios de esta nueva logia ya no estaba representado ningún albañil de oficio. (Faltan datos fidedignos sobre los primeros años de esta nueva logia).

En el año 1721 la Gran Logia de Londres logró obtener el primer Gran Maestre noble, el duque de Montagu. Con ello se inicia una evolución que ha dejado su impronta en la Francmasonerí­a inglesa hasta la actualidad. Ya que desde ese momento la preocupación de la Francmasonerí­a inglesa se centra en ganar a sus miembros en los cí­rculos de la alta nobleza, del ejército y de la capa burguesa principal. Comienza con ello una polí­tica franmasónica de captación de gran envergadura, cuya meta es ubicar a los "hermanos" en todos los puestos decisivos del Imperio Mundial británico, de modo que no puede en realidad hablarse de una oposición entre la Francmasonerí­a y la conducción estatal británica. Solamente así­ debe interpretarse el aserto que Inglaterra usa la Francmasoneria como un medio de su polí­tica mundial. El poder de los francmasones ingleses se manifestó claramente en el añ1799, cuando por lo pronto hicieron fracasar un proyecto de ley presen tado en el parlamento inglés contra las asociaciones secretas, modificándolo luego en tal forma que los francmasones quedaran explí­citamente exceptuados de la misma.

Por orden del duque de Montague y siendo Gran Maestro Wharton, habí aparecido en el año 1723 el primer tratado francmasónico: el Libro de las Constituciones del Reverend Anderson. En éstas así­ llamadas "Antiguas Obligaciones" se sentaron por vez primera conceptos báicos que adquirieron gran importancia para, el ulterior desarrollo de la Francmasoneríía. Junto con las "viejas señas de la Francmasonerí­a", incluía una recopilación de leyes y tradiciones de la actividad de las logias. Las "Antiguas Obligaciones" conservan aún su vigencia.


El desarrollo de la Francmasonerí­a en Francia

A Francia llegó la Francmasonerí­a a través de inmigrantes ingleses. En 1725 comenzó a operar en Parí­s la primera logia en una fonda, cuyo propietario era un inglés. Un segundo alpendre fue abierto en 1729. Con gran rapidez se extendió en ese país la Francmasonerí­a. En contraposición a Inglaterra, el desarrollo fue sin embargo menos uniforme. Dos tendencias deben ser diferenciadas en la Francmasonerí­a francesa del siglo XVIII.

Una de ellas actuó sobre una base especulativa "racionalista". A ella pertenecieron ante todos los precursores espirituales y los ejecutores de la llamada revolución francesa, tales como Paine, Montesquiu, Voltaire, Mirabeau, Marat, Lafayette, Philipp Egalité y el Abate Siyes. En Parí­s actuó desde 1769 la logia de los enciciopedistas, llamada Les neuf Soeurs. Helvetius, Lalande, Benjamí­n Franklin, el conde La Rochefoucauld, d´Alembert, Camille Desmoulins, Diderot y Brissot fueron, entre otros, miembros de esa logia.

Aquí­ fueron concebidos y desarrollados los dogmas dominantes y las ideas racionalistas y demoburguesas. Las palabras-impacto Libertad, Igualdad, Fraternidad, el slogan de la "igualdad de todo aquello que tenga faz humana", el mito de los derechos del hombre y del ciudadano, etc., fueron formulados en esas logias y propugnados por ellas de un modo activo y beligerante. (En esta campaña mereció especial atención la violenta crí­tica del absolutismo como negació de la democracia y de la república francmasónica.)

El punto culminante y exitoso de esta tendencia se concreta con la subversión "francesa" de 1789. 629 logias trabajaban entonces en Francia, 65 de las cuales íe encontraban solamente en Parí­s.

Durante la misma época se habí­a hecho notar, sin embargo, otra postura dentro de la Francmasonerí­a francesa que presentaba, un carácter formalmente católico. Su representante principal fue el educador del pretendiente a la corona británica, el escocés Ramsay. Se contaba entre los amigos del arzobispo Fanalon, quien lo "convirtió" al catolicismo, haciéndolo además miernbro de la orden de los Lazaristas. Dado que en aquella época aún pertenecí­an católicos a las logias francmasónicas es de admitir que se trataba de una tentativa del catolicismo de modificar la cosrnovisión de la Francmasonerí­a desde adentro. De esta tendencia surgieron prontamente los diferentes sistemas de altos grados, que en aquel tiempo tuvieron su gran desarrollo

La idea de tolerancia, asentada en las "Antiguas Obligaciones" y que siguió siendo desarrollada en la Francia de las "luces" junto con el ideal seudohumanitario francmasóico, hizo posible a los judí­os penetrar precozmente en Inglaterra y en Francia mediante la ayuda de la Francmasonerí­a en la sociedad burguesa, forzando su emancipación.

Al respecto cabe mencionar que el fundador de la "observancia estricta" en Alemania, el baró von Hund y Altengrotkau, durante su permanencia en Parí­s debe haber tenido contacto con representantes de estos cí­rculos. También él se convirtió al catolicismo. Esta "estricta observancia" constituí­a un sistema de altos grados que en el mundo de las logias alemanas de aquel tiempo llegó a adquirir enorme importancia, teniendo el propósito de estructurar la Francmasonerí­a en su totalidad como una asociación similar, en su estructura formal, a las órdenes caballerescas. Sus miembros eran comprometidos mediante la llamada "acta de obediencia" a una subordinación ilmitada y a la obediencia más rigurosa (stricta observantia).

La idea de tolerancia, asentada en las "Antiguas Obligaciones" y que siguió siendo desarrollada en la Francia de las "luces" junto con el ideal seudohumanitario francmasónico, hizo posible a los judí­os penetrar precozmente en Inglaterra y en Francia mediante la ayuda de la Francmasonerí­a en la sociedad burguesa, forzando su emancipación.

En 1723 y 1725 encontramos ya nombres judí­os en las logias inglesas. En 1732 una logia traslada su "tenida" del sábado al domingo, a fin de hacer posibles a los "hermanos" hebreos la participación en el trabajo de la logia. La judaización parece haber sido ya en aquella época bastante grande, ya que en 1732 el orador callejero Henley anunciaba un discurso contra los "masones judaicos". Los Ancient Masons que aparecieron a mediados del siglo XVIII, poseí­an una oración particular para las logias judí­as.

En Francia la evoluciófue aún más rápida, encontrando su culminación en la "gran Revolución" con la total igualdad de derechos polí­ticos y sociales para los judí­os.

Como no podí­a ser de otro modo, se ha comprobado que hacia mediados del siglo precitado, diferentes sistemas de altos grados fueron creados por háiles negociantes judí­os, quienes los vendí­an a alto precio como "doctrinas secretas."


Desarrollo de la Francmasonerí­a en Alemania hasta la emancipación de los judí­os.

a) La lí­nea de influencia inglesa

En Hamburgo fue fundada en 1737 por el "hermano" Charles Sarry, la primera logia alemana. Adoptó más tarde el nombre de "Absalón" y se desenvolvió bajo el control de la Gran Logia de Inglaterra. La influencia inglesa se reconoce por la naturaleza de su polí­tica de proselitismo entre jefes de Estado y personalidades influyentes. A esta lí­nea pertenecen los esfuerzos dedicados al sucesor del trono de Prusia, el más tarde Federico el Grande, a quien de un modo realmente hábil se acercó la Francmasonería. Sin embargo, el gran rey prusiano perdió ya en el primer año de su gobierno el interés en la Francmasoneríá, manifestándose posteriormente en forma muy despectiva hacia las logias.

A la influencia inglesa se deben asimismo las fundaciones de las logias de Braunschweig, Hannover, Bayreuth, Meiningen, Breslau y Frankfurt del Maine

b) La lí­nea de influencia francesa

En las logias fundadas por el mariscal sajón-polaco Rutowski en Sajonia y Bohemia, desempeñó el papel preponderante la influencia francesa. Como ya se mencionó, también desde Francia penetraron diversas fundaciones de altos grados en Alemania. El choque entre ambas orientaciones provocó en la Alemania del siglo XVIII una increí­ble confusión de logias que halló su punto culminante en la "estricta observancia" del barón von Hund, las logias escocesas, el sistema de Clermont Rosa, los "Constructores Africanos", los "Nuevos Oro", los "Rosacruces" y muchas otras organizaciones.

Que junto con la exaltación aparente por lo caballeresco y la manía por lo misterioso, también debieron presentarse corrientes polí­ticas conexas, es evidente. Se deben mencionar aquí­ los designios y los afanes de los rosacruces bajo Bischoffswerder y Wallner, que como ministros de Prusia gozaban de gran influencia, así­ como el movimiento de los "Iluminados" del profesor de lngolstadt, Adam Weishaupt. Especialmente esta organización dio mucho que hablar en razón de su ideologí­a atea y abiertamente subversiva y de sus innegables vinculaciones con los jacobinos franceses. El análisis pormenorizado de esta sociedad requerirí­a un estudio especial. Anotemos aquí­ solamente que Weishaupt - antiguo discí­pulo de los Jesuí­tas - estructuró la Orden según el modelo jesuí­tico

En diversas obras de carácter racionalista y liberal aquel sostuvo la tesis de que los "lluminados" debí­an ser llevados paulatinamente a todas las posiciones influyentes, a fin de obrar en ellas en el sentido de la Orden. Mediante la colaboración del baróvon Knigge le fue posible ensanchar sustancialmente la base de su asociación a través de la Francmasoneria. Weishaupt usaba dentro de la Orden el nombre de Spartakus. Por instigación de los jesuitas, de nuevo en posición influyente, la Orden de los Iluminados fue prohibida en Baviera en el año 84, deteniéndose a una gran parte de sus miembros. Según afirman los francmasones, la actividad de la Orden llegó a su fin en 1785, empero, se sabe que la misma siguió desarrollando posteriormente una intensa actividad, especialmente durante la seudorrevolució francesa.

En Prusia al contrario de lo acaecido en las otras regiones de Alemania, la Francmasonerí­a tuvo un desarrollo relativamente tranquilo. Cierto es que los efectos de la "estiricta observancia" conmovieron también a la más antigua Gran Logia prusiana, la "Gran Logia Matriz Nacional de las Tres Esferas Mundiales".

En el año 1770 se produjo la refundación de la "Gran Logia Nacional de los Francmasones de Alemania" bajo la dirección del general-médico Johann Wilhem Kellner von Zinnendorf. Simultáneamente existí­a creada por oficiales franceses prisioneros de guerra - la Logia Royal York de Amiti, que operó durante largo tiempo hajo la supervisióde la Gran Logia de Inglaterra, la cual con posterioridad a la modificación de su ritual por el ex-capuchino Ignaz Aurelius Fessler adoptó la denominación de "Gran Logia de Prusia llamada Royal York de la Amistad". Estas tres Grandes Logias prusianas, que más tarde fueron llamadas las "prusianas antiguas", recibieron por el edicto del año 1798 relativo a la "Prevención y penalidades de asociaciones concretas" una posición especial, al quedar, junto con sus logias filiales, exceptuadas de las disposicones del mismo.

c) La evolución de la Francmasonerí­a alemana en sentido filosófico-especulativo

En numerosos escritos y manifestaciones francmasónicos relativos al valor de la secta aparecen siempre los nombres de hombres excelsos de la historia y de la vida espiritual alemana, que alguna vez han tenido relaciones con la Francmasonerí­a o han pertenecido a ella. Junto a Federico el Grande, cuya postura con respecto a la Francmasonerí­a ya fue analizada fugazmente son, sobre todo, los filósofos y escritores del idealismo alemán en el último tercio del siglo XVIII, los que se hacen aparecer como representantes de un francmasonismo autéóico.

Con relación a este punto los francmasones llegan hasta a sostener que tales personalidades recibieron en las logias sus estí­mulos decisivos y que, por consiguiente, sus realizaciones deben ser anotadas en el haber de la Francmasonerí­a. Esta hábil mistificación ha empujado a más de un connacional ingenuo hacia la Francmasoneria, mientras que muchos adversarios de las logias procedieron a atacar como francmasones, lo mismo que a sus obras, a los eminentes alemanes que alguna vez pertenecieron a una logia, presentándolos como inaceptables para la conciencia nacional y para la Nación alemana, sin examinar el contexto polí­tico-cultural de aquel tiempo.

Una Alemania unificada, que hubiera asignado a esas personalidades sus funciones comunitarlas, no existí­a entonces. Muchos de los numerosos prí­ncipes de la madre patria desgarrada, eran todo menos arquetipos nacionales. Las iglesias se hallaban en total paralización. Su dogma impedí­a todo libre vuelo de los pensamientos. (3). Los primeros en liberarse de esta opresión mortificante para cualquier investigación creí­an que una segunda era de humanismo universalista habí­a despuntado.

Este universalismo, cuyo exclusivo fundamento es el interés científico, no tiene nada que ver con el internacionalismo de la Francmasonerí­a. Ciertos hombres, especialmente los investigadores se sentí­an unidos por todos aquellos que del otro lado de la frontera tuvieran idénticos propótos con respecto a la liberació del dogma de las iglesias y estuvieran cansados de las controversias confesionales. Al mismo tiempo se combatía -por igníorancia en este campo- la concepción monárquica y absolutista. (Schiller no fue nunca francmasón y a pesar de ello, pasó por la misma evolución).

Ya una vez en el cristianismo se malentendió totalmente -y se deformó- el ideal auténticamente humanista de la Antiguedad. Ahora vemos a la Francmasonerí­a adueñse de este concepto, transforándolo en una ideologí­a que reniega de pueblos y de razas, en craso antagonismo a las concepciones del mundo antiguo rigurosamente fieles a la sangre. En las manifestaciones prograrnáticas de la Francmasonerí­a, en cuanto éstas fueron formuladas, este antagonismo se hizo menos evidente. Por ende, a no pocos espí­ritus esclarecidos de aquel tiempo, la Francmasonerí­a se les aparecí­a como la ejemplar asociación de los mejores.

De este modo, Federico el Grande, Goethe, Herder, Klopstock, Fichte, Lessing y muchos otros ingresan en los templos de las logias. Las elevadas creaciones que las logias ensalzan en la actualidad como el bien más valioso de la Francmasonerí­a, no tienen nada que ver con la Francmasonerí­a. Lo que estos hombres alemanes del siglo XVIII entendí­an como Francmasonerí­a no correspondí­a en absoluto a la naturaleza y a las metas reales de la misma. Precisamente aquellos hombres que la Francmasonerí­a nombra como testigos principales de sus grandes ideales, se percataron, de ello rápidamente y abandonaron la secta.

Federico el Grande no participó ya de ningún trabajo en la logia desde el primer año de su reinado, en 1740. Todo lo contrario, se han conservado expresiones suyas de épocas posteriores en las cuales asume una posició tajante en contra de diversos objetivos de las logias, admitiendo solamente a las logias como simples uniones burguesas de sociabilidad (véase carta del añ 1779 contra la maní­a de tí­tulos de los francmasones). Por su parte, Lessing y Fichte abandonaron disgustados sus logias. los hermanos Stolberg se retiraron tambié y Herder -quien en 1766 habíía ingresado en Riga en una logia- no se dio a conocer nunca en Weimar como francmasón. Lo que el Manual General de la Francmasonerí­a escribe sobre él, es válido para todos los alemanes eminentes de su tiempo. "En cuanto al sentido, fundamentos y propóitos de la Liga, se habí­a formado su propia idea que alguna vez quiso divulgar"

Tampoco Goethe ha sido el entusiasmado "hermano", como se gusta siempre presentarlo. Esto lo deben admitir hasta el citado Manual los "hermanos" Lennhoff-Posner. Cierto es que en 1782 es promovido al grado de maestre y admitido a la Orden interna, sin embargo, en cuanto a su participación. en trabajos de logia no se conocen detalles. A fines de 1782, la logia de Weimar cerró sus portones debido a las disensiones que habí­an estallado entre los "hermanos" a raí­z de la maraña de logias existentes. En cuanto a la opinión de Goethe sobre la Francmasonerí­a, es muy reveladora una pericia que confeccionó en su calidad de ministro de Estado para el marqués Karl August, cuando en 1807 los "hermanos" de las logias de Jena habí­an formulado una petición de restablecimiento de su logia. En ella dice: "La Francmasonerí­a constituye a todo trance Statum in Statu (un Estado dentro del Estado).

Donde está ya introducida, el gobierno debe tratar de dominarla y hacerla inocua. Introducirla allí­ donde no existe, no es nunca aconsejable... También en lugares pequeños, como por ejemplo Rudolstadt, tal institución sirve como una forma de sociabilidad. Aquí­ en Weimar en realidad no la necesitamos en absoluto, y para Jena la considero, por las razones arriba mencionadas y varias otras, como peligrosa, y todo el mundo considerarí­a arriesgado el asunto si de inmediato ahora mismo, se pudiese presentar la totalidad del personal que integraráa logia en el primer año después de su conéfirmación"

Es muy significativo que en el Manual General de la Francmasonerí­a en cuatro columnas y media reproduce todo lo que podrí­a hablar en favor de Goethe como francmasón, no se haga referencia alguna a este punto. De, otro escrito de Goethe, el 10 de mayo de 1808, se desprende que únicamente Karl August von Sachsen Weirmar insistió en la reapertura de la logia "Amalia" de Weimar, encargando formalmente a aquél la iniciación de las tramitaciones requeridas. Con este escrito en que llama a la Francmasonerí­a algo despectivamente "cuasi Misterio", Goethe consideró ejecutado el encargo, y al parecer desvinculase de la organización ya que, faltan ulteriores noticias sobre su participación de los trabajos de la logia. En cambio, el 5 de octubre de 1812 dirigió al maestre del Sillón de la logia "Amalia" una petición, que comienza con las siguientes palabras: "Su Señorí­a me demostrarí­a un especial favor si quisiera considerarme de algún modo decoroso, no inadecuado a las formas masónicas, como ausente y suspender mis compromisos hacia la Sociedad".

Su posterior trato con la logia, que quedó reducido a formalidades sociales (así­ envió en 1830, en ocasió de su designació como miembro de honor de la logia, versos de agradecimiento), se realizó, generosamente por mediación de su hijo August von Goethe, quien en 1813 se habí­a afiliado a la misma.

Estos esfuerzos de los "hermanos" de las logias de presentar a nuestros grandes del siglo XVIII como exponentes de la vida espiritual francmasónica, frente a tales realidades, pueden ser designados directamente como adulteración de la historia. Que ello se lleva a cabo deliberadamente queda demostrado en los siguientes juicios, consignados en los debates de la "Gran Logia Matriz Nacional de las Tres Esferas Mundiales", del 7 de mayo de 1868: "La queja de que la inteligencia se retrae de las logias no es nueva. Precisamente nuestros escritores más señlados han expresado idéntica queja. Herder fue durante corto tiempo miembro de la logia, Lessing, después de haber pertenecido durante algunos años a la Liga, se retiró; Goethe mantuvo una aristocrática reserva y solamente en ocasiones extraordinarias, como en el caso de la tenida de duelo celebrada en honor de Wieland, o en fiestas por fundaciones, etc., participó en los trabajos de la logia; Schiller no se afilió en absoluto a la Liga, a pesar de que -según se desprende su correspondencia con Kerner- estuvo muy bien informado sobre la naturaleza y los fines de la Orden. También Federico el Grande, el fundador de nuestra logia, ya a los pocos años de haber ingresado en ella, se volvió indiferente a la misma.

Lo que se dijo de los poetas y pensadores alemanes de fines del siglo XVIII, es válido también para los combatientes y los poetas de la libertad alemana de la época napoleónica, como Blacher, Stein, Gneisenau, Schanhorst, Schenkendorf y los demás. Tambié estos hombres interpretaron la Francmasonerí­a a su manera, creyendo que se trataba de una comunidad de hombres alrededor de grandes ideas. Tan grave equí­voco les impidió aprehender la real naturaleza de la Orden.

Cuan canallescamente la secta se condujo frente a los grandes objetivos nacionales lo demuestra el ejemplo de la logia "Federico por la Virtud" de Brandenburg, perteneciente a la liga de la "Gran Logia Matriz Nacional de las Tres Esferas Mundiales". En una circular del año 1808 encontramos estos conceptos: "Pero también alguna alegrí­a nos fue nuevamente deparada, máde una hora de gozo nos saludó nuevamente en el Templo, más de un hombre y hermano digno se unió a nuestra asociación, tributando homenaje a la sublime Orden. Especialmente hemos tenido la satisfacción de iniciar en la misma a varios oficiales franceses pertenecientes a distintos regimientos, y esperamos haber aportado con tal hecho una utilidad esencial para la expansión de la humanidad, de la tolerancia, del amor general entre los hombres y los hermanos, ya que hemos unido más estrechamente a nosotros algunos hombres muy dignos."

El registro de socios adjuntado acusa entre 69 miembros, los nombres de 16 oficiales franceses. Esa confraternización con quienes en ese entonces eran enemigos de la patria (4), es tanto más repulsiva dado que junto al nombre de los franceses se lee el de un capitáprusiano, quien según los protocolos de la logia participócon ellos en trabajos francmasó³nicos.

Los oficiales franceses del ejército napoleónico, que también se hicieron admitir en otras logias alemanas, procedieron aparentemente de acuerdo con un plan determinado, como lo demuestra una carta de una logia francesa del año 1809. En ella están consignadas -además de las logias civiles y militares, ordenadas éstas según el arma - las grandes logias fuera de Francia que mantení­an relaciones con el Gran Oriente francés. Según dicho documento la relación con tales logias era un hecho ventajoso para los integrantes del ejercito francés. Bajo el rubro "Prusse" dice allá­: "Grande Loge Nationale dite des trois globes." (La "Gran Logia Matriz Nacional de las Tres Esferas Mundiales").

El interrogante que se plantea de si Napoleófue o no francmasón se halla controvertido entre los mismos francmasones. No es posible alegar para ello comprobantes inequí­vocos. Diferentes indicios hablan en el sentido de que el corso no perteneció a ninguna logia. A pesar de ello, Napole6n parece haber estado animado del propósito de utilizar la Francmasonería para determinados fines polí­ticos. Así­ mandó a la mayor parte de sus mariscales a las logias: Massena, Augerau, Serrurier, Moreau, Kellermann, Mortier, Moncey, Soult, Oudinot, Lefebre, MacDonald, Murat, Ney, Bemardotte (posteriormente rey de Suecia), Perignon, Sebastiani, Lannes y Poniatowski pertenecieron a la secta, revistiendo altos cargos en los grandes orientes franceses. El ex-jacobino Cambacres era considerado realmente como su hombre de confianza para estos problemas y fue hasta 1814 Gran Maestre del "Gran Oriente de Francia", además, a partir de 1806, "Gran Comandante" del "Consejo Superior del Rito Escocé Antiguo y Aceptado para Francia". También los dos hermanos del emperador, Joseph y Louis, fueron Grandes Maestres de la Francmasonerí­a francesa

En sus tentativas de hacer trabajar a las logias en su provecho, Napoleón cometió el error de no haber tenido en cuenta en sus cálculos el carácter internacional de la Francmasonerí­a. Así­, en la rama inglesa de la misma se le enfrentó un adversario tenaz que recibió el apoyo de los francmasones de todos los paí­ses subyugados por el corso.


III
La evolución de la Francmasonerí­a en los siglos XIX y XX
La participación de los francmasones en las subversiones de 1789, 1830 y 1848

El papel que han desempeñado los francmasones en la preparación de la seudorrevolución "francesa" de 1789, ya no es negado por nadie en la actualidad. El hecho de que en 1792, en ocasión de la depuración, algunos de ellos fueron barridos por otros francmasones, no contradice -antes al contrario- este dato irrefutable.

Las consecuencias que emanaron de las ideas y de la acción desarrollada por la "revolución" fueron tales que han modelado casi toda la historia contemporánea.

En la logia de Aix fueron elaborados "los derechos humanos generales". Presentados el 13 de setiembre de 1791 por el francmasón Lafayette a la Convención francesa y consagrados en la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano" como ley fundamental de la sociedad francesa y, posteriormente, impuestos al mundo entero, por obra de la subversión internacional francmasónica.

Estos "derechos humanos generales", que contení­an las tesis francmasónicas de la "libertad" e "igualdad" de todos los seres humanos y del gobierno del "pueblo", ante quien los gobernantes serí­an en todo momento responsables, fueron anunciados por vez primera en América y constituyeron los cimientos de la Constitución norteamericana. El movimiento de independencia americano estuvo casi exclusivamente en manos de francmasones. También los movimientos subversivos de los liberales en los demás paí­ses los vemos dirigidos por francmasones, que adquirieron sus ideas en Parí. En estos años Parí­s llega a ganar la fama de "Protectora de la libertad" y se plasman los conceptos relativos a la misión cultural que la Grande Nation habí­a de cumplir en beneficio, por cierto, no del pueblo francés sino de la internacional judeo-francmasónica.

Hasta qué punto ésto se ha mantenido hasta nuestros dí­as, lo demuestra una "Carta abierta a la Cámara francesa", que el fundador del movimiento seudo-paneuropeo, el francmasón Coudenhove-Kalergi, redactó en el año 1924: ", ... sus ascendientes han lanzado a la historia de Europa tres grandes palabras. Libertad, Igualdad, Fraternidad! Francia ha traí­do a Europa la libertad polí­tica. Todas las revoluciones del útimo siglo fueron un eco de la grande francesa. . .! Renueven Vds. su gran misió³n! Anuncien Vds. al mundo el despunte de la tercera revolución la revolución de la fraternidad! Colóquense Vds., señres míoís, decididamente en la vanguardia del gran movimiento que vibra a través de toda Europa y conduzcan Vds. a los europeos por medio de la fraternidad hacia la unidad!

Mientras que en el oeste americano ondea la bandera estrellada de la libertad y en el este ruso la roja bandera de la igualdad, quieran Vds. en el medio, entre esos dos mundos, desplegar la bandera de la fraternidad: ¡de la fraternidad entre los hombres, entre las clases, entre los pueblos y entre los continentes! ... ¡Solamente así­ Europa puede volver a ser el punto central de la Tierra y Francia el punto central de Europa! "

***

A pesar de su acentuado internacionalismo, las dos orientaciones que se mueven en el seno de la Francmasonerí­a tratan continuamente de atar la internacional francmasóica a su propio paí­s: si la Francmasonerí­a inglesa coincide con los intereses del imperialismo británico, la francesa trata de encadenar las democracias francmasónicas a Parí­s.

Ya en 1737 y 1741 Ramsay, en su calidad de orador de las grandes logias francesas, habí­a lanzado en su fundamental Discurso de un Gran Maestre la idea de una república democrática universal, que deberia fundarse sobre la tolerancia absoluta. El anti-francmasón Abbí Larudan, quien en 1746 publicó su conocida obra contra la Francmasonerí­a, Les Franc-Macons (5) ya señaló entonces como ejes del discurso en cuestión los conceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que pocos años más tarde fueron elegidos como divisa por la Francmasonerí­a francesa.

La demanda en pro de la democracia desde ese momento no ha sido ya abandonada por la Francmasonerí­a. Con excepción de Inglaterra (6), tanto en el pasado como en el presente, vemos siempre a las logias en total oposición donde la idea de la democracia y los principios del liberalismo son lesionados .Y a este respecto carece de importancia que el que lesione tales principios sea el mismo francmasón o no. (De Luis XIV, Luis XVIII y Carlos X se dice que han pertenecido a una "Loge militaire des trois frares unis a l´orient de la cour". También en contra del emperador Guillermo I, la Francmasonerí­a asumió en 1871 una posición más que tajante, a pesar de que aquél era también francmasó y, en consecuencia, agente de la misma.

Bajo Luis XVIII las logias constituyeron el punto de unión de todos los elementos conspiradores, republicanos y democráticos. Pierre Jean de Beranger, por ejemplo, quien en sus canciones vertió rnordaz sarcasmo sobre la Casa reinante, era francmasón. Decazez, quien al ser llamado por el propio Rey para encabezar el gobierno, promulgó una serie de ordenanzas liberales, era Gran Comandante del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Francia.

En los años subsiguientes prosiguió afirmándose y desarrollándose la Francmasonerí­a en toda Europa. En Alemania cabe mencionar el papel importantísimo desempeñado por las logias judí­as "A l´Aurore Naissante" de Frankfurt del Maine y "La Joven Alemania" de los Barne y los Heine.

Simultáneamente se desarrollaron en esos años el capital judí­o y la especulació de las bolsas en una forma tal, que la vida social fue dominada en forma absoluta por esas fuerzas. La democracia habí­a sido -como hoy- el instrumento eficací­simo de la oligarquía judeo-capitalista.

Durante la Restauración, Carlos X se enfrentó sin éxito contra la Francmasonerí­a. La lucha fue al mismo tiempo una controversia entre los dos rivales: Francmasonerí­a y Catolicismo. Las brillantes demostraciones de la Iglesia las constituí­an las procesiones, que en esos añs volvieron a recorrer las calles de Paríís. Pero también los francmasones liberales aprovecharon cualquier motivo para poner en evidencia su poderí­o. Cuando en noviembre de 1825 murió el diputado General Foy, quien había sido un fervoroso francmasón, sus funerales constituyeron una imponente manifestación de la burguesí­a liberal. Las colectas para la viuda y los hijos del general evidenciaron al mismo tiempo el poder capitalista que se hallaba tras estos esfuerzos: arrojaron la suma de más de un millón de francos.

En otra ocasión, a raí­z del viaje del veterano subversivo Lafayette, a comienzos de 1830, las logias organizaron grandes festejos. La corona burguesa y el arco de triunfo adornaban las calles por las cuales se desplazóa gigantesca procesión triunfal.

La caí­da de Carlos X durante la "revolución" de 1830, posibilitó al demoliberalismo hacerse nuevamente del poder político. El "rey burgués" Louis Philippe ascendió al trono. En su persona, el principio francmasón liberal se hallaba unido a una habilidad excepcional para los negocios y las componendas. Hasta qué punto era un agente de la secta, nos lo demuestra el conocido hecho de que antes de tomar sus decisiones se hací­a "aconsejar" por el abogado parisino Dupin, miembro del Consejo Superior de la Francmasonerí­a francesa.

Empero, este rey burgués no pudo satisfacer a la larga, las pretensiones de los liberales. El antagonisino condujo finlmente a los acontecimientos de febrero de 1848.

En los tumultos "populares" de Paríís los francmasones participaron en gran número. El gobierno provisorio, constituido tras la abdicación de Louis Philippe, contó a seis francmasones en sus filas, entre ellos el judí­o Adolphe Isaac Cremieux, quien indujo a la familia Oriens a abandonar Francia. Al saludar los "hermanos" de las logias de Parí­s al nuevo gobierno mediante una proclamación, Cremieux los recibió junto con los otros francmasones del gabinete, honrándolos mediante una alocución. (7)

Desde ese momento, la Francmasonería francesa se manifestó práacticamente en forma pública y todos los polí­ticos importantes han estado de ahí­ en más, relacionados de algún modo con ella

Napoleón III no pudo evitar esa evolución. Mediante su polí­tica frente a las logias solo logró irritar a éstas que lo sostení­an únicamente como paso previo a la proclamación de la República que constituye su instrumento polí­tico más idóneo. El "emperador" en la persona del mariscal Magnan trató -y lo consiguió formalmente- de imponerles un Gran Maestre que no habí­a sido nunca francmasón. Particularmente en Cremieux se habí­a creado un adversario peligroso que uní­a en su persona la condición de Gran Comandante del "Supreme Conseil" con la de fundador de la organización judí­a Alliance Israélite Universelle.

De cualquier modo, la suerte de Napoleón III estaba echada de antemano puesto que, como queda dicho, la Francmasonerí­a consideraba su "Imperio" liberal como una mera etapa hacia la república democrática. En esa empresa llevaban la voz cantante hombres como Gambetta, Arago, el ministro de guerra y de marina de 1848, además de Henri Brisson, Jules Ferry, Floquet, Gustave Flourens (quien llegó a ser en 1871 el principal artí­fice del levantamiento de la Comuna de Parí­s), Jules Simon, Dubost y muchos otros dirigentes de la democracia y del liberalismo

Cuando el papel de Napoleón III hubo concluido en el año 1871, vemos entrar en acció a estos cí­rculos que, dueños del poder, determinaron -entre otras cosas - la polí­tica de la Tercer República "francesa" contra Alemania hasta el dí­a actual.

LA PENETRACION DEL JUDIOO EN LA SOCIEDAD BURGUESA A TRAVES DE LAS LOGIAS

En Alemania la FrancmasonerÍ­a de aquel tiempo, por diversas razones, no tení­a una participcion importante en el acontecer polí­tico. Como causa de mayor peso debe ser considerada la posición negativa que las logias alemanas del siglo XVIII y de comienzos del XIX adoptaron acerca del problema de la admisión de judí­os. En el siglo XVIII, cuando a los israelitas se les cobra ba aún en Alemania una tasa aduanera en ganado para ingresar a las ciudades la idea de que un individuo de calidad tan inferior pudiera llegar a ser un connacional con iguales derechos, a pesar de todas las disquisicionos filosóficas al respecto, era inconcebible.

De esta manera, la actividad de los judí­os debió traducirse en primer lugar, en la lucha por esta igualdad de derechos dentro de la francmasonerí­a alemana y con ello, dentro de la sociedad burguesa, para poder ocupar así­ las posiciones claves en los distintos campos de la actividad pública y privada.

Al comienzo de las contiendas sobre el problema judí­o, los cí­rculos interesados tení­an como finalidad comprometer efectivamente a las logias alemanas a la aceptación de los principios francmasónicos de "humanidad y "tolerancia" y a borrar las diferenciaciones religiosas y raciales.

Estos designios encontraron el apoyo en el hecho de que Anderson en las "Antiguas Obligaciones" habí­a desarrollado sus concepciones de "humanidad" y "tolerancia" en el marco exclusivo de lo religioso, como era lógico en su tiempo. Si la Francmasonerí­a tení­a el propósito de reunir miembros de las más diversas confesiones, era obvio que aquél forzosamente habí­a expresado de un modo tácito la negación de todo principio racial.

Los "hermanos" de las logias judí­as de Inglaterra y Francia -quienes ya en el siglo XVIII eran miembros de derechos absolutamente iguales y ocupaban una parte de los cargos decisivos en ellas - desempeñaron un papel vital en favor de los judí­os de Alemania en esta cuestión.

Las primeras tentativas se produjeron en 1749, cuando en Hamburgo tres judí­os portugueses anunciaron su visita a la logia de esa ciudad. En 1787, el Maestre Provincial de Logias, von Exter, se pronunció afirmativamente en cuanto al ingreso de judí­os a la Francmasonerí­a.

A este respecto debe ser mencionado que, en la misma época, los judí­os de Francia y de América procedieron a ampliar su posición en la vida de las logias mediante la creación de altos grados. Ya simplemente en lo que se refiere a los usos se puede apreciar esta evolución en los distintos pedazos de los altos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así­ como en los ritos de Misraim y de Menfis.

En Alemania el desarrollo se limitó, por lo pronto, a las tentativas de los judí­os de abrirse paso a las logias. Con este fin se empleó toda organización que sirviera a las finalidades judaicas.

En la Orden de los Hermanos Asiáticos se hallan, junto a una serie de miembros de la nobleza, los nombres de un Isaak Oppenheirner, Irsch Wolff, Nathan Lipmann, Jakob Getz, Markus Jakob Schlesinger y otros. El Maestro de la Orden, Ecker von Eckhoffen, hasta llevó el nombre de la Orden "Israel". De él proviene la obra: ¿Son y pueden los israelitas ser admitidos como francmasones? Es de suponer que estos nobles, que de tal manera llegan a trabar relaciones con judí­os, deben haber caí­do en dependencia financiera de los israelitas, entre los cuales se hallaban, por supuesto, muchos hombres de dinero.

Un giro fundamental se produjo cuando en agosto de 1807, los judí­os se reunieron para fundar una logia en Frankfurt del Maine, a fin de que "bajo la protección del Grand Orient de Francia erijamos un templo al omnipotente arquitecto de todos los mundos en Frankfurt del Maine."

Esta primera logia se denominó A l´Aurore Naissante (8) y se mostró de inmediato como puerta de incursión para los fines judaicos-francmasónicos.

En ella, el tristemente célebre Ludwig Baruch-Barner fue miembro destacado, desempeñando el cargo de "hermano orador". Este sujeto como epresentante de "La Joven Alemania" desempeñó un miserable rol junto a Heine, vertiendo su sarcasmo sobre todo aquello que para los alemanes era sagrado (A Goethe lo calificó de siervo rimado, a los alemanes de pueblo de sirvientes que meneando la cola traerí­an de vuelta a su amo la corona perdida).

Miembro de esa logia fue adems el judí­o Gabriel Riesser, otro precursor activo de la "emancipación" judaica, que hasta llegóa escalar la posición de miembro de la Comisión Constitucional y segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional de Frankfurt de 1848.

También el judí­o Isaac Cremieux visitó esa logia en diciembre de 1840, siendo honrado mediante una fiesta y la designación de miembro de honor.

Los fundadores de la logia de los judí­os se habí­an asegurado el apoyo de las dos corrientes principales de la Francmasonerí­a, del Gran Orient de Francia y de la Gran Logia de Inglaterra. A ambas se dirigieron en demanda de ayuda cuando se le opusieron dificultades en el problema de su igualdad de derechos por parte de las logias alemanas.

En 1819, por ejemplo, se encargó al representante ante la Gran Logia de Londres, el Judí­o "Hno." Wolf, de presentar una queja sobre el comportamiento de las logias "St. Georg" y "Absalom" de Hamburgo, que habí­an negado el acceso a los "hermanos" de "A l´Aurore Naissante". En su informe a dice, el "Hno." Wolf dio cuenta de una audiencia que con tal objeto tuvo con el Gran Maestre, el marqués de Sussex: "Su Alteza Real manifestó: no se aceptará de manera alguna discusiones relativas a las razones presentadas, sino que se exigirá que las logias de Hamburgo dejen sin efecto en forma inmediata su decisión; en caso contrario, Su Alteza decretarí­a que a los hermanos de esas logias hamburguesas les esté prohibido el acceso a todas las logias inglesas".

En los demás casos, sin embargo, se evitaba la controversia frontal. Se estimaba más conveniente el método de recomendación mediante maneras amables y suaves, intentando convencer así­ al renuente. Un ejemplo especialmente ilustrativo lo constituye una circular de la logia de S. Juan. "Por la Fidelidad en el Deber de Birkenfeld" del año 1838, en la cual se informa sobre la visita de miembros de la logia judí­a de Frankfurt: "Pero una aparicion no menos grata nos deparó la visita de los HH. delegados de las des j. y p. (9) Logias de S. Juan de "La Aurora Naciente" y del "Aguila de Frankfurt", ambas de Frankfurt del Maine. Debemos confesar abiertamente que únicamente por el sentido del deber y a fin de cumplir con las precisas normas del Libro de las Constituciones inglés, hemos hecho llegar a esas Logias, que en su gran mayorí­a cuentan con miembros de la confesió religiosa mosaica, una invitación lo mismo que a las demás logias vecinas. Ningún interés especial nos pudo atar a esos hombres que personalmente nos eran completamente desconocidos. Empero, muy pronto la personalidad atractiva de aquellas HH. supo despertar y mantener no solamente en los HH. de nuestra logia, sino también entre los demás visitantes, el interés general en tal forma, que hemos reconocido en ellos sin excepción, HH. de auténtica consagración masónica, dignos no solamente por las leyes de la Liga, sino también por el lazo de un afecto cordial de integrar con nosotros la cadena. Ahora, bien, si en el curso del año m. (10) hallamos estimulado en todos los lugares el problema relativo a la admisión de los masones israelitas como objeto de los debates masónicos, perrnítannos Vds. HH. am. (11) aportar también por nuestra parte en este escrito una contribución a la dilucidación de este problema. Si no nos equivocamos, también las opiniones de aquellas logias que, tributando homenaje al sistema de la M. ingl. (12), reconocen el principio básico de que la diferencia de la confesión religiosa positiva, siempre que ésta no se reduzca a un verdadero ateí­smo, (13) no excluye de la liga masónica, tienden a este resultado: que, a pesar de todo, el problema se refiere únicamente a un principio abstracto, cuyo empleo concreto puede volverse práctico en casos de excepción sumamente raros. Si tomamos a los judí­os tal como, son, como los conocemos, entonces hallamos muy pocos o no hallamos absolutamente ninguno, que según nuestro mejor saber y conciencia podemos proponer como M, (14). Es esta la convicción también de muchos HH. imparciales, que en otros casos, por cierto, son capaces de elevarse por encima del poder de prejuicios arraigados. Indiscutida es, empero, también la realidad de que la posición aislada en la que los israelitas se encuentran colocados en la mayorí­a de las regiones de Alemania, ofrece muy raramente a los estarnentos de cultura más elevada la oportunidad de tomar contacto con aquellos como no sea en el círculo muy alejado de la vida convencional, y de poder formarse una opinión más adecuada del punto de vista puramente humano que aquellos adoptan". Seguidamente, se relata una visita a las dos logias judaicas: "Si resumo el momento de ambas logias, debo colocar ambas a la par de los mejores talleres de nuestro arte real. Para estos hombres, la M. (15) constituye un alegre servicio de templo de pura religiosidad. Si me ocupo ahora de las personalidades, es seguro que ambas logias cuentan con la quinta esencia de las notabilidades espi­rituales y morales de los habitantes israelitas de Frankfurt. He llegado a conocer hombres que por su actuación merecen seguramente ser contados entre los más hobles de su tiempo y que especialmente en el terreno de la educación y de la enseñanza pública toman la delantera a pasos agigantados frente a sus compañeros de credo, para pasar de la niebla de los prejuicios a la región de la luz superior."

En este estilo prosigue el relato. El resultado de esta propaganda projudí­a no se hizo esperar mucho tiempo. Ya en el año 1845, la logia “Por la Fidelidad del Deber" de Birkenfeld, puede comunicar lo siguiente: "Un israelita digno de respeto en todo sentido, peticionó ante nosotros su admisión y fue realmente introducido en la Liga por intermedio de nuestra logia. Por todas las razones nos congratulamos por la adquisición de este hermano. Esperamos, sin embargo que no esté lejano el tiempo en que ninguna logia de Alemania se abstenga de admitir en la Liga y de dejar participar en sus trabajos, un hombre alemán libre, honorable y recto, cualesquiera sean las posiciones y las creencias religiosas que lo diferencien."

Que este ejemplo hable por todos los demás. Que con la penetración de los judí­os en las logias alemanas corrió pareja también la penetración en la sociedad burguesa constituirá una realidad sobreentendida para todo aquel que sepa que la Francmasonerí­a fue desde siempre en Alemania -como en el resto del mundo - un bastión de la capa burguesa mas elevada. Así­ podemos comprobar en aquel tiempo que la sociedad burguesa se vuelve cada vez más falta de instinto frente a las imposiciones del judaí­smo. En los salones literarios de las judías Rahel Varnhagen (cuyo marido fue francmasón y admirador entusiasta de "La Joven Alemania"), Henriette Harz y Dorothea Veit-Schlegel, la mujer del francmasón Friedrich von Schlegel e hija de Mendelsohn, la burguesí­a se daba cita con los judí­os. Vemos como visitantes de tales salones a los hermanos Humboldt, Schleiermacher y al prí­ncipe Louis Ferdinand von Presussen junto a un Heinrich Heine, Eduard Gans y Baruch-Barne.

La logia "A la Aurora Naciente" hasta informa con orgullo que "como indicio del prestigio de que gozaba en aquel entonces también en los cí­rculos cristianos profanos, se informaron aquí­ como excepción sobre un "baile de armoní­a", realizado el 20 de enero de 1849, para el cual anunciaron su participación personal, en especial oficiales de tal graduación, como lo demuestran las actas guardadas en el archivo. Entre los muchos participantes militares sean destacados solamente el general y comandante en jefe von Bechthold, mayor y comandante del distrito Deetz, teniente superior y ayudante von Scheldlin." Siguen en el informe los nombres de 18 oficiales, en su mayor parte pertenecientes a la nobleza.

No es éste el lugar para describir minuciosamente el proceso de ocupación de las logias por parte de los judí­os. Baste mencionar que el resultado fue que, a comienzos del siglo XX, la totalidad de las grandes logias alemanas admití­an a los judí­os como miembros en igualdad de derechos. Únicamente dos grandes logias "prusianas antiguas" rehusaban a los judí­os como miembros, pero los admití­an como "hermanos visitantes pertinentes". Estas dos grandes logias volví­an a recalcar siempre de nuevo a ese respecto que solamente su naturaleza doctrinaria cristiana les prohibí­a incorporar personas de distinto credo. El judí­o bautizado podí­a ser también en ellas, miembro de iguales derechos.

A comienzos del siglo XX la evolución estaba terminada en ese sentido, En las capas conductoras de la burguesí­a reinaba un vasto filosemitismo.

Quienes luchaban en defensa de las diferenciaciones raciales eran motivo de befa y dejados de lado. La nobleza y la burguesí­a han devenido tan faltas de instinto en estas cuestiones que una parte de estos círculos quedó completamente deteriorada por numerosos casamientos con judí­os.

La evolución fuera de Alemania desde 1870-1914

Ya se ha dicho que la polí­tica de Francia a partir de 1870 fue definida por políticos liberales y democráticos, todos con ataduras francmasónicas. Sus efectos se pusieron de relieve en la polí­tica de desquite y de cerco contra Alemania.

Fue el francmasón León Gambetta cabeza del partido republicano, quien inició tal polí­tica. En esta lucha contra Alemania que habí­a lesionado gravemente los intereses de la democracia francmasónica "francesa", era bienvenido cualquier medio y aliado. Solamente así­ debe ser comprendida la estrecha alianza con la Rusia zarista. A Eduardo VII que como príncipe de Gales dirigió, en calidad de Gran Maestre, la Francmasonerí­a inglesa, le fue por cierto muy útil, su ligazón con la secta. La Alemania imperial de Guillermo II era impotente frente a esa red de conexiones internacionales. De un modo especial en la prensa mundial, completamente judaizada y francmasónica, comenzó una agitación increí­ble en contra de Alemania, que solamente serí­a superada por la campaña de mentiras contra la Alemania Nacionalsocialista. Todo cuanto concerní­a a la Alemania imperial fue distorsionado totalmente por estos sectores y explotado en su beneficio. Términos impactantes y conceptos francmasónicos fueron puestos al servicio de esta propaganda contra Alemania. Se hablaba del militarismo alemán, con su fragor de sables, que constituí­a una amenaza a la libertad de la democracia; se creó la expresión "obediencia criminal prusiana", a la que se contraponí­a la teorí­a del individualismo francmasónico. ¡El barbarismo pangermánico era un peligro para la cultura y la civilización!

Las logias alemanas, a pesar de eso, se mantuvieron firmes en la ideologí­a de la "confraternización de los pueblos y de las razas" tratando de encubrir y de disculpar las acciones de los "hermanos" franceses e ingleses, lo cual constituye -junto con la transigencia en la cuestión de los judí­os- su falta imperdonable. Mientras que en numerosos congresos francmasónicos internacionales los problemas de la paz fueron discutidos junto con los "hermanos" de logia alemanes, el trabajo de los polí­ticos francmasónicos seguí­a imperturbable su camino que tení­a como meta la destrucción de Alemania. Que dentro de este proceso jugaron un papel muy importante las intenciones polí­ticas de Francia e Inglaterra, es palmario. Pero en igual medida fueron decisivas finalidades francmasónicas que, dentro de la propaganda en los Estados de la Triple Alianza, fueron llevadas a un primer plano con la fórmula-impacto de la "liberación" de los pueblos que se hallaban bajo la "tiraní­a" monárquica de las potencias centrales.

EL COMPORTAMIENTO DE LOS FRANCMASONES ALEMANES DURANTE ESE TIEMPO

Las logias judí­as aún sin licencia, así­ como toda la Francmasonerí­a de Alemania se colocaron enteramente del lado de la internacional francmasónica-liberal-democrática. Se seguí­a pendiente de los ideales de la "cadena fraterna" internacional que debí­a rodear toda la Tierra.

Se pugnaba por la igualdad de derechos de las logias de negros, se abundaba en debates sobre el problema judaico y se participaba de congresos internacionales que respondí­an a objetivos de la Francmasonerí­a mundial como, por ejemplo, el pacifismo.

De este modo, en la lucha por el reconocimiento de las logias de hombres de color, la Francmasonerí­a alemana desempeñó el papel priincipal; especialmente el "hermano" Findel, un conocido escritor y librero francmasónico de Leipzig, se destacó por su práctica en tal sentido. Este individuo fue objeto de grandes honores por parte de la Gran Logia Negra de Boston. Llegó a ser el representante y defensor de sus pretensiones en toda Europa. En el Manual General se dice con respecto a Findel: "Así­ como en su presentación contra la Gran Logia Regional en favor de la igualdad de derechos de los no-cristianos, y en contra de los comprobantes históricos y las llamadas tradiciones de aquella, Findel también propugn6 en el alpendre el reconocimiento de los masones de color en Norteamérica, por lo cual la Gran Logia Prince-Hall de Boston lo designó Gran Maestre honorario y presidente general en las grandes logias europeas, logrando en calidad de tal el reconocimiento de las mismas por parte de varias grandes logias continentales"

IV

LA FRANCMASONERIA INTERNACIONAL Y LA GUERRA MUNDIAL

EL COMPORTAMIENTO DE LAS LOGIAS EN LOS ESTADOS DE LA ENTENTC

En los archivos de las logias se han hallado comprobantes demoledores acerca de la directa participación de la Francmasonerí­a en el estallido de la Guerra Mundial de 1914 (17).

Por otra parte, la postura pública adoptada por ella es por demás elocuente: las logias de los Estados de la Ententc abogaron abiertamente por la causa de los aliados. Similar actitud fue observada también por las logias de los paí­ses neutrales. (Por razones obvias no pudieron hacer lo propio públicamente las logias alemanas que trabajaban, como veremos, al servicio del poder francmasónico que era quien realmente gobernaba la Ententc).

En la propagación continua de noticias falsas y de supuestas atrocidades atribuidas a Alemania y a sus fuerzas armadas, se distinguió especialmente el Gran Maestre de la Gran Logia suiza "Alpina", el pastor protestante Quartier La Tente, quien era al mismo tiempo jefe de la Oficina Mundial Francmasónica de Ginebra.

Que en el paso de Italia al lado de nuestros adversarios la Francmasonerí­a, que trabajó en estrecha unión con el Gran Oriente de Francia, también participó, eso no lo niegan ni los mismos francmasones.

Durante la guerra, las Ligas francmasónicas de los Estados aliados y también de los neutrales, se ocuparon reiteradamente en entrevistas y congresos de las condiciones bajo las cuales serí­a concertada la paz, lo cual evidencia el poder omní­modo de la secta.

Especialmente ilustrativo fue a este respecto el "Congreso de los Francmasones de las naciones aliadas y neutrales del 28, 29 y 30 de junio de 1917, en París, convocado por el Gran Oriente y por la Gran Logia de Francia. En él fue discutida y proyectada una Liga de las Naciones a crearse expresando el derecho de "autodeterminación" de los pueblos y el derecho de las nacionalidades "subyugadas" de Austria y también de Polonia a su "autonomí­a". Asimismo se exigió la cesión de Alsacia-Lorena y Trieste.

Al "hermano" Odd-Fellow (18) Wilson, que poco antes habí­a proclamado sus 14 puntos, se le envió un telegrama de homenaje, en el que se afirma que el Congreso se siente feliz de “colaborar con el señor Presidente Wilson en la realización de esa obra de justicia internacional y confraternidad democrática, que encarna el ideal francmasónico."

COMPORTAMIENTO Y POSICION ADOPTADA POR LA FRANCMASONERIA EN ALEMANIA

(LA INFLUENCIA DE LAS LOGIAS Y SU DESINTEGRACION DE LA FUERZA DE RESISTENCIA DEL PUEBLO ALEMAN)

Los hechos descritos y el comportamiento de los "hermanos" de las logias extranjeras provocó al comienzo de la guerra la desilusión de algunos ingenuos francmasones alemanes. Estos se hallaban decepcionados e indignados de ver tan repentinamente destruidos los ideales pacifistas de unión entre las razas y los pueblos sustentados por la Francmasonerí­a. El "hermano" Ohr, el conductor del "movimiento estudiante libre democrático" en la Alemania de Pre-guerra, escribió en esa época un folleto titulado El espíritu francés y la Francmasonerí­a, desarrollando en él supuestos antagonismos entre la Francmasonerí­a alemana y la francesa.

Pero, los verdaderos conductores de las logias alemanas pensaban de muy distinta manera; estaban plenamente identificados con los planes antialemanes y de dominación universal de la Francmasonerí­a. Se sentí­an férreamente unidos en la "cadena fraterna internacional de la Francmasonerí­a"

Hasta qué punto llegó la posición internacionalista de las logias alemanas durante la Guerra Mundial, lo demuestra - entre muchas otras cosas -, un pasaje tomado de las "Comunicaciones de la Asociación de Francmasones Alemanes", del año 1917, que dice: "Lo decisivo es el despertar del pensamiento internacionalista en la totalidad de la nación. Esta labor no la pueden realizar personas aisladas, sino que debe ser llevada a cabo por la conjunción de todas las fuerzas existentes, por asociaciones del más diverso signo."

El comportamiento de las logias de campaña alemanas durante la Guerra Mundial constituye un capítulo especialmente triste, aunque no pueda extrañar a nadie.

Durante la contienda los francmasones alemanes fundaron las llamadas "logias de campaña", en las cuales "hermanos" de todos los sistemas, es decir, francmasones de alto grado, miembros de las logias judaicas y de las grandes logias dirigentes trabajaban en común con "hermanos" de logias "prusianos antiguos", "nacional-cristianos."

Los comprobantes sobre el increí­ble grado de indignidad nacional que se puso de manifiesto en el trabajo de las logias de campaña, son estremecedores; será suficiente mostrar dos de ellos, tomados al azar:

El 30 de agosto de 1914, es decir, en un momento en que hasta los socialdemócratas de Alemania estaban convencidos aún de la realización victoriosa de la guerra que nos fue impuesta por la fuerza, y acordaban los créditos militares, en una tarjeta del correo de campaña, en la cual "hermanos" de logia alemanes hacen el relato de la visita efectuada a una logia belga en Lattich se lee: "Adolf Hetzel y los siguientes hermanos belgas, que a pesar de la guerra mantienen aún por encima de toda la confraternidad." Luego de las firmas dice: "Recibidos con conmovedora confraternidad en ocasión de una visita a la logia de Lattich, enví­an a todos ustedes el saludo más cordial. A pesar de la guerra aún existe un noble humanitarismo."

Al respecto debe ser mencionado que el "hermano" Hetzel ostentaba el grado militar de capitán y jefe de compañ­a de un batallón de la milicia territorial. Estos "hermanos" de logia obraron, como puede verse, con tan enorme falta de decoro al concurrir, vistiendo el uniforme gris de campaña, a una logia de un paí­s enemigo, a fin de "confraternizar" allí­ con el enemigo. Consideran este hecho suficientemente significativo como para transmitirlo a su logia de Bayreuth, como una obra masónica. En el archivo de la logia de Bayreuth no existe indicio de ninguna í­ndole de que alguno de los "hermanos" hubiera desaprobado este comportamiento.

Similar enormidad constituye el tenor del informe de fecha 1º de marzo de 1915, relativo a la inauguración de la logia de campaña "A la Luz Naciente Junto al Soma": "Especialmente difí­cil fue la fundación de la logia de campaña debido a la relación particular con los hermanos franceses. No es que nuestros hermanos alemanes en su uniforme gris de campaña, que se reunieron en S. Quentin, hubieran experimentado dificultades para entablar un trato fraternal con los hermanos de las dos logias francesas. Este se habí­a llevado a cabo desde un principio de un modo cordial, genuinamente masón, es más, por lo pronto hemos tenido repetidas veces el placer de que nos fueran proporcionados hermanos alemanes por parte de nuestros hermanos franceses, a quienes se habí­an dado a conocer. La dificultad consistió simplemente en el hecho que las Grandes Logias francesas habí­an roto las relaciones masónicas con las Grandes Logias alemanas, por lo cual surgió para los hermanos franceses una cierta dificultad interior.

Cuando con el fin de inaugurar la logia de campaña rogamos para que el Templo de la logia "Justicia y Verdad” fuera puesto a nuestra disposición, esto naturalmente fue obvio para los hermanos franceses. Solamente existí­a una duda con respecto a la cuestión de una eventual participación de los hermanos franceses en nuestros trabajos. Por nuestra parte, no existí­a para ello ningún obstáculo, todo lo contrario."

En tal sentido prosigue el informe. El mismo muestra con claridad y precisión, hasta dónde los métodos de educación francmasónica han llevado a hombres alemanes y demuestra simultáneamente que la Francmasonerí­a francesa y británica solucionó de modo distinto su cometido (19). Las logias de campañ son descritas erróneamente si se las considera únicamente como centrales de espionaje por encargo de Grandes Orientes de potencias enemigas. No es necesario y no se debe buscar en ellas solamente comprobantes de crímenes de esa patria. El comportamiento de los "hermanos" de dichas logias constituí­a un permanente ceder ante los ideales derrotistas de "humanidad", "tolerancia" y "paz" y significaba de por sí­ una continuada traición a la causa alemana en un momento en que la Nación se hallaba en armas contra sus enemigos.

1 comentario:

El Shoin dijo...

interesante el tema, lo copio y lo pego paa leerlo con calma, saludos fraternos

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