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jueves, 13 de septiembre de 2007

ASPECTOS DOCTRINALES DE LA INICIACION MASONICA

(Recopilación en síntesis)

1.- Consideraciones sobre la iniciación.
2.- Sobre la Regularidad Iniciática.
3.- Aspectos velados de la iniciación.

Trabajo de selección elaborado por el Q.·. H.·. Dionisio E. Jara R. V.·. M.·.
Eques ab Aquila Coronata VIIº R+C
H.R.D.M.-K.L. W.N.N.G.

Mucho se ha escrito sobre masonería, sin embargo, los aspectos más importantes siempre han quedado tras el velo del análisis y el estudio en profundidad. La Orden R.·. de H.·. de K.·. como
exponente del conocimiento tradicional de occidente, expone una parte de la doctrina iniciática, en base a las prácticas tradicionales de la "masonería antigua" (heredera directa de la masonería
operativa artesanal).

El ilustre Hno.·. René Guénon ocupa un lugar muy especial en nuestros estudios, ya que fué un verdadero Maestro Operativo "en todos los Grados", quien se atrevió en ser el primer Masón
Operativo en arrojar Luz sobre algunos temas reservados solo para los gremios operativos.

1. Consideraciones sobre la Iniciación.

La palabra "initium" significa "entrada" o "comienzo"; algunas ordenes, confunden el hecho mismo de la iniciación, entendida en su sentido estrictamente etimológico, con el trabajo que hay que llevar a cabo ulteriormente para que esa iniciación, de virtual que primeramente ha sido trasmitida, se convierta con posterioridad en efectiva.

La verdadera iniciación es la que todas las tradiciones concuerdan en designar como el "segundo nacimiento".

Se entiende como transmisión iniciática a la "transmisión de una influencia espiritual", y el papel que juega esta influencia, entre la aptitud natural previamente inherente al individuo, y el
trabajo de realización que cumplirá a continuación es fundamental para que concretice su cometido.

Las fases de la iniciación son las mismas que las de la "Gran Obra" hermética, que en el fondo reproducen el proceso cosmogónico de la creación. En efecto, las aptitudes o posibilidades de la naturaleza individual del candidato no son mas, en sí mismas, que una materia prima, es decir, una pura potencialidad, donde no hay nada de desarrollado; allí, en ese estado caótico y tenebroso, que el simbolismo iniciático hace corresponder precisamente al mundo profano, y en el que se encuentra el ser que no ha llegado todavía al «segundo nacimiento». Para que ese caos
pueda comenzar a tomar forma y a organizarse, es necesario que una vibración inicial le sea comunicada por las potencias espirituales, que el Génesis hebraico designa como los Elohim; esta vibración, es el Fiat Lux que ilumina el caos, y que es el punto de partida necesario de todos los desarrollos ulteriores; y, desde el punto de vista iniciático, esta iluminación está constituida por la transmisión de la influencia espiritual (dar la Luz Masónica del ritual). Desde entonces, y por la virtud de esta influencia, las posibilidades espirituales del ser ya no son la simple potencialidad que eran antes; han devenido una virtualidad presta a desarrollarse en acto en las diversas etapas de la realización iniciática.

La iniciación implica tres condiciones que se presentan en modo sucesivo, y que corresponden respectivamente a los tres términos de: «potencialidad» , de «virtualidad» y de «actualidad».

1º La «cualificación» , constituida por algunas posibilidades inherentes a la naturaleza propia del individuo, y que son la materia prima sobre la cual deberá efectuarse el trabajo iniciático.

2º La «transmisión», mediante el vinculamiento a una organización tradicional, de una influencia espiritual que da al ser la «iluminación» que le permitirá ordenar y desarrollar esas posibilidades que lleva en él.

3º El «trabajo interior», por el que, con el concurso de «ayudas» o de «soportes» exteriores, si hay lugar a ello, y sobre todo en las primeras etapas, este desarrollo será realizado gradualmente, haciendo pasar al ser, de escalón en escalón, a través de los diferentes grados de la jerarquía iniciática, para conducirle a la meta final de la «Liberación» o de la «Identidad Suprema».

Misticismo e iniciación.

Otro término que se escucha nombrar o hacer referencia es al «misticismo», asunto que no tiene y no puede tener nada en común con la iniciación, primero porque el misticismo depende exclusivamente del dominio religioso, es decir, exotérico, y porque la vía mística difiere de la vía iniciática por todos sus caracteres esenciales, y porque esta diferencia es tal que resulta entre ellas una verdadera incompatibilidad.

Por lo demás, precisamos que se trata de una incompatibilidad de hecho más bien que de principio, en el sentido de que, para nosotros, no se trata de ningún modo de negar el valor al menos relativo del misticismo, ni contestarle el lugar que puede pertenecerle legítimamente en algunas formas tradicionales; así pues, la vía iniciática y la vía mística pueden coexistir perfectamente, pero lo que queremos decir, es que es imposible que alguien siga a la vez la una y la otra. No se puede cabalgar en dos caballos a la vez.

La diferencia esta en que la iniciación, en su proceso mismo, presenta caracteres completamente diferentes de los del misticismo, hasta incluso opuestos, lo que basta para mostrar que se trata de dos «vías» no solo distintas, sino incompatibles. Lo que se dice más frecuentemente a este respecto, es que el misticismo es «pasivo», mientras que la iniciación es «activa»; por lo demás, eso es verdadero, a condición de determinar bien la acepción en la que debe entenderse esto exactamente. En el caso del misticismo, el individuo se limita a recibir simplemente lo que se presenta a él, y tal como se presenta.

En el caso de la iniciación, al contrario, es al individuo a quien pertenece la iniciativa de una «realización» que perseguirá metódicamente, bajo un control riguroso e incesante, y que deberá
llevarle normalmente a rebasar las posibilidades mismas del individuo como tal; es indispensable agregar que esta iniciativa no es suficiente, ya que es bien evidente que el individuo no podría rebasarse a sí mismo por sus propios medios, pero, y es esto lo que nos importa por el momento, es esa iniciativa la que constituye obligatoriamente el punto de partida de toda «realización» para el iniciado, mientras que el místico no tiene ninguna, ni siquiera para cosas que no van en
modo alguno más allá del dominio de las posibilidades individuales.

Así, el tema del misticismo resulta ser de una palabra que mucho hemos escuchado donde no se debe. Tenemos que afirmar, que la iniciación no es, como las realizaciones místicas, algo que «cae de las nubes», si nos permiten el término, sin que se sepa cómo ni por qué; reposa al contrario sobre leyes científicas positivas y sobre reglas técnicas rigurosas.

En último caso pensamos que la confusión de la iniciación con el misticismo es sobre todo el hecho de aquellos que, por razones cualesquiera, quieren negar más o menos expresamente la realidad de la iniciación misma reduciéndola a algo diferente.

Los ocultistas.

Por otra parte, algunos hermanos especulativos afirman que la iniciación es orden «moral» y «social», asunto que no puede estar más lejos del sentido tradicional de la iniciación.

Cabe hacer referencia importante (sobre todo en ordenes que se auto califican de "esotéricas-ocultist as") de errores más sutiles, y por consiguiente más temibles, cuando a veces se habla, a propósito de la iniciación, de una «comunicación» con estados superiores o «mundos espirituales» ; y, ante todo, en eso hay muy frecuentemente la ilusión que consiste en tomar por
«superior» lo que no lo es verdaderamente, simplemente porque aparece como más o menos extraordinario o «anormal».

Recordemos que existe una gran confusión entre el significado del concepto de lo psíquico y de lo espiritual, ya que, a este respecto, es esa la que se comete más frecuentemente; de hecho, los estados psíquicos no tienen nada de «superior» ni de «transcendente» , puesto que forman parte únicamente del estado individual humano; y, cuando hablamos de estados superiores del ser, con
eso entendemos, sin ningún abuso de lenguaje, los estados exclusivamente supra-individuales.

Algunos van incluso todavía más lejos en la confusión y hacen de «espiritual» casi sinónimo de «invisible», es decir, que toman por tal, indistintamente, todo lo que no cae bajo los sentidos
ordinarios y «normales».

Casi todas las escuelas e incluso algunas órdenes pseudoiniciáticas del occidente moderno tienen como meta el «desarrollo de los poderes psíquicos latentes en el hombre», cosa que está muy lejos de la visión tradicional.

Para nosotros, la iniciación tiene como meta, esencialmente rebasar las posibilidades de estos estados y hacer efectivamente posible el paso a los estados superiores, e incluso, finalmente, conducir al ser más allá de todo estado condicionado cualquiera que sea.

En lo que concierne a la iniciación, la simple comunicación con los estados superiores no puede ser considerada como un fin, sino solo como un punto de partida: si esta comunicación debe ser establecida primeramente por la acción de una influencia espiritual, es para permitir después una toma de posesión efectiva de esos estados, y no simplemente, como en el orden religioso, para hacer descender sobre el ser una «gracia» que le liga a ellos de una cierta manera, pero
sin hacerle penetrar en ellos.

Por consiguiente, toda realización iniciática es esencial y puramente «interior», al contrario de esa «salida de sí» que constituye el «éxtasis» en el sentido propio y etimológico de esta palabra; y esa es, no ciertamente la única diferencia, pero al menos sí una de las grandes diferencias que existen entre los estados místicos, que pertenecen enteramente al dominio religioso, y los estados iniciáticos.

La elite.

Desde el punto de vista propiamente tradicional, aquello que da a la palabra «elite» todo su valor, es que se deriva de «elegido». Decimos que la elite, tal como la entendemos, representa el conjunto de aquellos que poseen las cualificaciones requeridas para la iniciación, y que, naturalmente, son siempre una minoría entre los hombres, pese a quien le pese.

Se considera en razón de la situación «central» que ocupa el ser humano en este estado de existencia, todos «llamados», entre los demás seres que se encuentran igualmente en él, pero de este «todo» hay pocos «elegidos», y, en las condiciones de la época actual, hay ciertamente menos que nunca.

Las cualificaciones iniciáticas, tal como pueden determinarse desde el punto de vista propiamente «técnico», no son todas de un orden exclusivamente intelectual, sino que conllevan también la consideración de otros elementos constitutivos del ser humano. Normalmente, todos aquellos que están cualificados así deberían tener, la posibilidad de obtener una iniciación; si la cosa no es así de hecho, se debe en suma únicamente al estado presente del mundo occidental, y, a la desaparición de la elite consciente de sí misma y la ausencia de organizaciones iniciáticas adecuadas para recibirla.

La jerarquía iniciática.

Toda organización iniciática en sí misma, es esencialmente jerárquica, No obstante, la jerarquía iniciática tiene algo de especial que la distingue de todas las demás: es que está formada
esencialmente por grados de «conocimiento» , con todo lo que implica esta palabra entendida en su verdadero sentido, ya que en eso consisten propiamente los grados de la iniciación.

Por consiguiente, los grados existentes en una organización iniciática cualquiera no representarán nunca más que una suerte de clasificación más o menos general, forzosamente
«esquemática», y limitada en suma a la consideración distinta de algunas etapas principales o más claramente caracterizadas.

A decir verdad, en todo eso no puede haber ninguna distinción perfectamente delimitada que no sea la de los «misterios menores» y los «misterios mayores»,

La repartición de los miembros de una organización iniciática en sus diferentes grados no es más que «simbólica» en relación a la jerarquía real, porque, en muchos casos, la iniciación a un grado cualquiera puede no ser más que virtual. Si la iniciación fuera siempre efectiva, o lo deviniera obligatoriamente antes de que el individuo tuviera acceso a un grado superior, las dos jerarquías coincidirían enteramente.

2.- Sobre la Regularidad Iniciática
Organización tradicional – regular.

El vinculamiento a una organización tradicional regular, no es solamente una condición necesaria de la iniciación, sino que es lo que constituye la iniciación en el sentido más estricto, tal como la define la etimología de la palabra que la designa, un «segundo nacimiento», o como una «regeneración», porque debe conducirle, como primera etapa esencial de su realización, a la restauración en él del «estado primordial», que es la plenitud y la perfección de la individualidad humana, y que reside en el punto central, único e invariable, desde donde el ser podrá elevarse después hacia los estados superiores. Por consiguiente, la regularidad no es el concepto de mutuos reconocimientos de potencias y pactos masónicos (cosa que no desconocemos) , pero ello visto solamente desde el plano de las jurisdicciones territoriales.

Ahora bien, es evidente que no se puede transmitir más que aquello que se posee; por consiguiente, es menester necesario que una organización sea efectivamente depositaria de una influencia espiritual para poder comunicarla a los individuos que se vinculan a ella; y esto excluye absolutamente a todas las formaciones pseudoiniciáticas, tan numerosas en nuestros tiempos, y desprovistas de todo carácter auténticamente tradicional.

Solo como un ejemplo, podemos citar aquí una multitud de agrupaciones, de origen muy reciente, que se titulan «rosacrucianos» , sin estos haber tenido jamás el menor contacto con los Rosa-Cruz; podríamos hacer una excepción (solo para la comprensión de lo que tratamos de decir) admitiendo que la constitución de algunas de esas agrupaciones procede de un deseo sincero de vincularse «idealmente» a los Rosa-Cruz, (como es el caso del marques Stalislao de Guaita con su "Orden Kabalistica de la Rosa+Cruz") sin embargo, desde el punto de vista iniciático esto viene a ser nada.

Por lo demás, lo que decimos sobre este ejemplo particular se aplica igualmente a todas las organizaciones inventadas por los ocultistas y demás «neoespiritualistas» de todo género y de toda denominación, organizaciones que, sean cuales sean sus pretensiones, no pueden, en toda verdad, ser calificadas más que de «pseudoiniciáticas» , ya que no tienen absolutamente nada real que transmitir, ya que lo que presentan no es más que una contrahechura, e incluso muy frecuentemente una parodia o una caricatura de la iniciación.

Debemos aún decir que, aunque se trate de una organización auténticamente iniciática, los miembros de estas no tienen el poder de cambiar sus formas a su gusto o de alterarlas en lo que tienen de esencial. Por tanto, una organización iniciática no puede incorporar válidamente a sus ritos elementos tomados de formas tradicionales diferentes de aquella según la cual está constituida regularmente; tales elementos, cuya adopción tendría un carácter completamente artificial, no representarían más que simples fantasías redundantes, sin ninguna eficacia desde el punto de vista iniciático.

Hemos sido testigos de con cuanta facilidad algunos, tomando rituales prestados o copiados literalmente de enciclopedias, han armado ritos y ordenes con una soltura de cuerpo que causan admiración. Luego, hemos también observado como cada cierta cantidad de tiempo, estas ordenes cambian trozos y partes de rituales para aplicarlos a sus particulares visiones desnaturalizadas; ciertamente desde el punto de vista tradicional esto es a lo menos una aberración.

La iniciación real consiste esencialmente en la transmisión de una influencia espiritual, transmisión que solo puede efectuarse por medio de una organización tradicional regular.

La «regularidad» debe ser entendida en el sentido que quedan excluidas todas las organizaciones pseudoiniciáticas, es decir, todas aquellas que, cualesquiera que sean sus pretensiones y de cualquier apariencia que se revistan, no son efectivamente depositarias de ninguna influencia espiritual, y, por consecuencia, no pueden transmitir nada en realidad.

De allí que es capital comprender lo que tradicionalmente se designa como la «cadena» iniciática o «cadena vertical», es decir, la sucesión que asegura de una manera ininterrumpida la transmisión de una determinada filiación.

La constitución de las organizaciones iniciáticas regulares no está a disposición de simples iniciativas individuales, y puede decirse otro tanto exactamente en lo que concierne a las organizaciones religiosas, porque en uno y otro caso, es necesaria la presencia de algo que no podría venir de los individuos, puesto que está más allá del dominio de las posibilidades humanas.

Organizaciones exotéricas y esotéricas.

Desde nuestro punto de vista tradicional, podemos dividir las organizaciones tradicionales en «exotéricas» y «esotéricas».

Por «exotéricas» entendemos las organizaciones que, en una cierta forma de civilización, están abiertas a todos indistintamente, y por «esotéricas» aquellas que están reservadas a una elite, o, en otros términos, donde no son admitidos más que aquellos que poseen una «cualificación» particular. Estas últimas son propiamente las organizaciones iniciáticas.

La iniciación tiene un origen «no humano», ya que, sin eso, no puede alcanzar de ninguna manera su meta final, que rebasa el dominio de las posibilidades individuales; es por eso por lo que los verdaderos ritos iniciáticos, no pueden ser referidos a autores humanos, y, de hecho, nunca se les conocen tales autores, como tampoco se conocen inventores de los símbolos tradicionales, y por la misma razón, los símbolos son igualmente «no humanos» en su origen y en su esencia.

En tales condiciones, es fácil comprender que el papel del individuo que confiere la iniciación a otro es verdaderamente un papel de «transmisor», en el sentido más exacto de esta palabra; él
no actúa como individuo, sino como soporte de una influencia que no pertenece al orden individual; él es únicamente un eslabón de la «cadena» cuyo punto de partida está fuera y más allá de la humanidad. Es por eso por lo que no puede actuar en su propio nombre, sino en el nombre de la organización a la que está vinculado y de la que tiene sus poderes, o, más exactamente todavía, en el nombre del principio que esta organización representa visiblemente.

A todo lo dicho, algunos podrían pretender que la iniciación podría haber salido de la religión, y con mayor razón de una «secta». Esto seria invertir todas las relaciones normales que resultan de la naturaleza misma de las cosas; el esoterismo es verdaderamente, en relación al exoterismo religioso, lo que el espíritu es en relación al cuerpo, de suerte que, cuando una religión ha perdido todo punto de contacto con el esoterismo, ya no queda en ella más que «letra muerta» y formalismo incomprendido, ya que lo que la vivificaba, era la comunicación efectiva con el centro espiritual del mundo, y ésta no puede ser establecida y mantenida conscientemente más que por el esoterismo y por la presencia de una organización iniciática verdadera y regular.

Sociedades profanas, versus, organizaciones iniciáticas.

Otro punto que es necesario clarificar, es aquel concepto completamente erróneo de identificar, como se hace comúnmente, a las «organizaciones iniciáticas» con las «sociedades secretas». Primeramente, es muy evidente que las dos expresiones no pueden coincidir de ninguna manera en su aplicación, ya que, de hecho, hay bastantes tipos de sociedades secretas, muchas de las cuales no tienen, ciertamente, nada de iniciático; ellas pueden constituirse debido al hecho de una simple iniciativa individual, y para una meta cualquiera. Por otra parte, si ocurre que una organización iniciática toma accidentalmente la forma de una sociedad, ésta será forzosamente secreta, al menos en uno de los sentidos que se dan a esta palabra en parecido caso, y que no siempre se tiene el cuidado de distinguir con una precisión suficiente.

Por otro lado algunos confunden a las «organizaciones iniciáticas» con algunas «sociedades», es decir, una asociación que tiene estatutos, reglamentos, reuniones en lugar y fecha fijas, que tiene registro de sus miembros, que posee archivos, actas de sus sesiones y otros documentos escritos, en una palabra que está rodeada de todo un aparato exterior más o menos burocrático. Todo eso es perfectamente inútil para una organización iniciática, que, en cuanto a formas exteriores, no
tiene necesidad de nada más que de un cierto conjunto de ritos y de símbolos, que, del mismo modo que la enseñanza que los acompaña y los explica, deben transmitirse regularmente por tradición oral.

Recordaremos también, a este propósito, que, incluso si ocurre a veces que estas cosas sean puestas por escrito, eso nunca puede ser más que a título de simple «ayuda para la memoria», y que eso no podría dispensar en ningún caso de la transmisión oral y directa, puesto que solo ella permite la comunicación de una influencia espiritual, lo que constituye la razón de ser fundamental de toda organización iniciática; un profano que conociera todos los ritos, por haber leído su descripción en los libros, no estaría iniciado de ningún modo por eso, ya que, es bien evidente que, de ese modo, la influencia espiritual vinculada a esos ritos no le habría sido transmitida de ninguna manera.

Cuando se trata de una sociedad profana, uno puede salir de ella del mismo modo que ha entrado, y se encuentra entonces pura y simplemente con lo que era antes; una dimisión o una expulsión basta para que todo lazo sea roto, puesto que ese lazo es evidentemente de una naturaleza completamente exterior y no implica ninguna modificación profunda del ser.

Por el contrario, desde que ha sido admitido en una "organización iniciática", cualquiera que sea, jamás, por ningún medio, se puede dejar de estar vinculado a ella, puesto que la iniciación, por eso mismo de que consiste esencialmente en la transmisión de una influencia espiritual, es necesariamente conferida de una vez por todas y posee un carácter propiamente indeleble; se trata de un hecho de orden «interior» contra el que ninguna formalidad administrativa puede nada.

Una sociedad, incluso secreta, siempre puede ser el blanco de atentados provenientes del exterior, concretamente, podría ser disuelta por la acción de un poder político. Por el contrario, la organización iniciática, por su naturaleza misma, escapa a tales contingencias, y ninguna fuerza exterior puede suprimirla. La cualidad de sus miembros no puede perderse nunca ni serles arrebatada, conserva una existencia efectiva en tanto que uno solo de entre ellos permanezca vivo, y solo la muerte del último implicará su desaparición.

Ritos esotéricos y exotéricos.

Debemos señalar a modo de recordatorio que, en cuanto a la distinción de los ritos iniciáticos y de los ritos exotéricos, los primeros están reservados y no conciernen más que a una elite que posee cualificaciones particulares, mientras que los segundos son públicos y se dirigen indistintamente a todos los miembros de un medio social dado, la meta no podría ser la misma en realidad.

De hecho, los ritos exotéricos no tienen como meta, como los ritos iniciáticos, abrir al ser a algunas posibilidades de conocimiento para lo cual todos no podrían ser aptos; toda religión se propone únicamente asegurar la «salvación» de sus adherentes, lo que es una finalidad que depende todavía del orden individual, y, por definición, en cierto modo, su punto de vista no se extiende más allá; los místicos mismos no consideran más que la «salvación» y nunca la «liberación», mientras que, al contrario, ésta es la meta última y suprema de toda iniciación (entiéndase dentro de una organización iniciática tradicional) .

La iniciación, a cualquier grado que sea, representa para el ser que la ha recibido una adquisición permanente, un estado que, virtual o efectivamente, ha alcanzado de una vez por todas, y que nada en adelante podría arrebatarle.

Como lo hemos dicho antes, los ritos de iniciación confieren un carácter definitivo e imborrable; la cualidad iniciática, una vez que ha sido recibida, no está vinculada de ninguna manera al hecho de
ser miembro activo de tal o cual organización; desde que el vinculamiento a una organización tradicional ha sido efectuado, no puede ser roto por nada, y subsiste aunque el individuo ya no tenga ninguna relación aparente con esa organización, lo que no tiene más que una importancia completamente secundaria a este respecto.

A falta de toda otra consideración, eso solo bastaría para mostrar cuan profundamente difieren las organizaciones iniciáticas de las asociaciones profanas, a las cuales no podrían ser asimiladas y ni siquiera comparadas de ninguna manera: aquel que se retira de una asociación profana o que es excluido de ella, ya no tiene ningún lazo con ella y vuelve a ser de nuevo exactamente lo que era antes de formar parte de ella; por el contrario, el lazo establecido por el carácter iniciático no depende en nada de contingencias tales como una dimisión o una exclusión, que son de orden simplemente «administrativo» , y que no afectan más que a las relaciones exteriores; y, si éstas últimas lo son todo en el orden profano, donde una asociación no tiene nada más que dar a sus miembros, no son al contrario, en el orden iniciático, más que un medio completamente accesorio, y en modo alguno necesario, en relación con las realidades interiores que son las únicas que importan verdaderamente.

Operativo y especulativo.

A todo esto, es necesario que nos refiramos a un tema que es fundamental para entender lo que venimos explicando, es el caso de masonería operativa y la masonería especulativa, sobre lo que tenemos algo que decir, aunque sea en forma sintética.

Los masones «operativos» eran exclusivamente hombres de oficio, que poco a poco, «aceptaron» entre ellos, a título honorífico en cierto modo, a personas extrañas al arte de construir; pero, finalmente, ocurrió que este segundo elemento devino predominante, o sea, se transformaron en mayoría, y es de eso de donde resultó la transformació n de la Masonería «operativa» en la Masonería «especulativa» , que no tiene ya con el oficio más que una relación ficticia o «ideal».

Esta Masonería «especulativa» data, como se sabe, de comienzos del siglo XVIII; pero algunos, constatando la presencia de miembros no obreros en la antigua Masonería «operativa», creen poder concluir de ello que esos eran ya Masones «especulativos» , cosa que resulta en total error.

Antiguamente no había otra distinción que la de los masones «libres», que eran los hombres de oficio, y que se llamaban así a causa de las franquicias que habían sido acordadas por los soberanos a sus corporaciones, y sin duda también porque la condición del hombre libre de nacimiento era una de las cualificaciones requeridas para ser admitido a la iniciación, y de los Masones «aceptados», que, ellos sí, no eran profesionales, y entre los cuales se hacía un sitio aparte a los eclesiásticos, que eran iniciados en Logias especiales para poder desempeñar la función de «capellán» en las Logias ordinarias; pero los unos y los otros eran igualmente, aunque a títulos diferentes, miembros de una única y misma organización, que era la Masonería «operativa»; ¿y cómo habría podido ser de otra manera, cuando ninguna Logia habría podido funcionar normalmente sin estar provista de un «capellán», y por consiguiente sin contar al menos con un Masón «aceptado» entre sus miembros?.

Por lo demás, es exacto que es entre los Masones «aceptados» y por su acción como se ha formado la Masonería «especulativa» ; y esto puede explicarse en suma bastante simplemente por el hecho de que, al no estar vinculados directamente al oficio, y al no tener, por eso mismo, una base suficientemente sólida para el trabajo iniciático bajo la forma de que se trata, podían, más fácil o más completamente que otros, perder de vista una parte de lo que conlleva la iniciación, e incluso diremos que la parte más importante, puesto que es la que concierne propiamente a la «realización».

El paso de lo «operativo» a lo «especulativo» , muy lejos de constituir un «progreso», es exactamente todo lo contrario desde el punto de vista iniciático; hablando propiamente, no implica forzosamente una desviación, pero sí al menos una degeneración en el sentido de una mengua; y esta mengua consiste en la negligencia y el olvido de todo lo que es «realización», puesto que eso es lo verdaderamente «operativo», para no dejar subsistir ya más que una visión puramente teórica de la iniciación.

«Especulación» y «teoría» son sinónimos; y se entiende que la palabra «teoría», quiere decir, un conocimiento indirecto. Por otro lado, la palabra «operativo» no debe considerarse exactamente como un equivalente de «práctico», en tanto que este último término se refiere siempre a la «acción» de suerte que aquí no podría emplearse sin equívoco ni impropiedad; en realidad, se trata de ese «cumplimiento» del ser que es la «realización» iniciática.

De esta manera, es fácil darse cuenta de lo que queda en el caso de una iniciación que no es más que «especulativa» : la transmisión iniciática subsiste siempre, puesto que la «cadena» tradicional no ha sido interrumpida Eso no quiere decir, que los ritos ya no tengan efecto en parecido caso, de ser el vehículo de la influencia espiritual; pero, este efecto se «difiere» en cuanto a su desarrollo «en acto», y es como un germen al que le faltan las condiciones necesarias para su eclosión, puesto que estas condiciones residen en el trabajo «operativo», únicamente por el cual la iniciación puede hacerse efectiva.

Sea como sea, una organización iniciática que posee una filiación auténtica y legítima, cualquiera que sea el estado más o menos degenerado en el que se encuentre reducida al presente, no podría ser confundida nunca, ciertamente, con una pseudoiniciació n cualquiera, que no es en suma más que una pura nada, ni con la contrainiciación, que, ella sí, en efecto, es algo, pero algo absolutamente negativo, que va directamente en contra de la meta que se propone esencialmente toda verdadera iniciación.

1 comentario:

Rubén dijo...

No entendi tanto dato, a lo mejor mi cerebro no puede procesar tanta informacion y desinformacion al mismo tiempo, cabrìa la realizacion de una sencilla pregunta para ahorrarse tanto texto que dice mucho y no dice nada ¿Tù, ya te iniciaste?. ¿En que?, ¿para que?, ¿porque?. Solamente se ven datos...

Saludos.

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