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sábado, 5 de enero de 2013

CATEDRALES GÓTICAS, LOS LIBROS PÉTREOS


Por Rosa María González Chávez


“Un edificio gótico puede entenderse como un organismo vivo que crece hacia el sol…”

René Huyghe


El término más aceptado para lo “gótico” se dice que surgió de los eruditos renacentistas, quienes pretendían despreciar a este estilo artístico al cual consideraban bárbaro (godos) y muy inferior, según ellos, respecto del romano. Esta concepción inicial naturalmente fue desvirtuada con el tiempo, pues muy lejos de ser despreciado fue sumamente valorado y exaltado varios siglos después, siendo actualmente halagado, admirado y contemplado como verdaderamente brillante, simbólico y profundo. Esto se debió a que en el momento de su surgimiento (Edad Media, siglo XII) representaba un estilo que rompía radicalmente con los tradicionales estilos de arquitectura, pintura y escultura occidentales, al gestarse una ideología nueva en torno al conocimiento del hombre y su búsqueda de la verdad. En este sentido cobraron mucha fuerza las antiguas ideas de Aristóteles y Pitágoras: Las formas externas y lo que los sentidos aprecian se considera engañoso, pues muestra tan solo una realidad aparente o una falsa apreciación de las verdades contenidas en las formas mismas; nuestros sentidos son el medio por el cual se pueden descubrir los misterios de la Naturaleza, y solo mediante la Naturaleza se puede obtener el verdadero conocimiento… Así el caduco idealismo era sustituido por el naturalismo.

El estilo apreciado en aquel entonces, el romano en el siglo XII, se basaba en la simetría geométrica y empleaba básicamente círculos y cuadrados, pero con el gótico el constructor era un libre geómetra que se valía de más figuras para crear, edificar e incluso para expresar espontáneamente su gusto por la vida. Podemos notar fácilmente por qué no se extendió a Italia: simplemente no fue bien recibido y visto con recelo por "Roma".


Respecto al término “gótico”, Fulcanelli afirma esto que es bien interesante:

“Algunos pretendieron, equivocadamente, que provenía de los Godos… La catedral es una obra de arth goth o de argot, dicen los diccionarios que argot es “una lengua particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los que les rodean”. Es pues, una cábala hablada”…  El argot ha quedado como lenguaje de una minoría de individuos que viven fuera de las leyes dictadas, de las convenciones, de los usos y del protocolo, y a los que se aplica el epíteto de voyous, es decir, videntes, y la todavía más expresiva de hijos o criaturas del sol. El arte gótico es, en efecto, el art got o cot, el arte de la Luz o del Espíritu”

(El misterio de las catedrales).

A los constructores encargados de las obras arquitectónicas gótico religiosas e incluso algunas civiles se les denominó “masones” –en efecto son el antecedente de la Orden Masónica que actualmente conserva el simbolismo constructivo mediante la plomada, el nivel, la escuadra y otros- quienes tuvieron que ingeniar la forma de crear espacios con gran altura, luz y colorido, para sobreponerse a aquella oscuridad y densidad heredada del pasado.

Existía solo un Maestro Arquitecto por cada obra, el cual en ocasiones al morir era enterrado dentro de la propia obra. La construcción podía prolongarse durante varias generaciones, por lo que la primera generación sabía que no la vería terminada; en aquellos tiempos las obras eran anónimas, y si bien no había protagonismos, si había una fuerte competencia entre los gremios por lograr las obras más exquisitas y perfectas, pues era además un oficio muy bien pagado por su calificadísima mano de obra. A eso se debe que mantenían sus secretos de construcción muy bien resguardados, pues se trataba de gente muy instruida en varias disciplinas –esoterismo, simbolismo, geometría sagrada, numerología, alquimia, matemáticas y otras-, además de la destreza en la belleza y perfección arquitectónica.

De su inspiración surgió el ideal de representar la espiritualidad y su culto de una manera más real, más natural y congruente, que la que se representaba dentro y fuera de un lúgubre, inmensamente pesado y tosco templo católico romano. La idea era hacerlo mucho más alto, de manera que surgiendo de las entrañas de la tierra se erigiera verticalmente hacia arriba, hacia el cielo, quitando la densidad de las anchas y aplastantes paredes antiguas, es decir, hacer que los muros fueran “desmaterializados”, en otras palabras, que se espiritualizara a la materia para materializar al espíritu; que la densidad de la piedra desapareciera haciéndola verdaderamente sutil y sublime, desde la primera impresión en su conjunto externo. No debía más predominar la oscuridad en su interior, en su lugar debería darse paso a la luz natural; debía percibirse una atmósfera sobrenatural que sobrecogiera a quien ingresara ahí, llevarle a un estado especial de conciencia espiritual que facilitara el contacto de lo mundano con lo sagrado y lo divino… Que abarcara a los sentidos para conducir esas impresiones hacia el interior del ser humano.

Debía estar basada en las proporciones enseñadas por Pitágoras para representar tanto al Universo como al Hombre, macrocosmos y microcosmos. El símbolo y el número no son solo cifras sino son expresiones dadas por la Naturaleza y la creación a través de la proporción áurea (Phi); las razones matemáticas y sus expresiones geométricas manifiestan la armonía de las cosas creadas, de todo aquello que es material y que repercute en planos más sutiles, incluso en la música -hermana de la arquitectura-, y por analogía en la luz y el color, de modo que bien podía llevarse a cabo esta ecuación entre monumentalidad y bella ligereza. Esas cifras y símbolos pueden ser principios sagrados y energéticos capaces de traducirse en lenguaje sagrado y son el vehículo que permite el acceso al conocimiento universal, trascendente. El edificio debía estar orientado como aquellos de las culturas más antiguas: hacia los cuatro rumbos del Universo.

Valiéndose de todos sus conocimientos, varios sitios eran considerados con cuidado por el Maestro de la obra, analizando profundamente la geografía del espacio, y una vez elegido el sitio del templo a construir se realizaba la orientación a partir del trazo de un círculo (simbólico del Universo) y colocando una estaca en su centro para que con su sombra pudiera calcularse el Este y el Oeste, de preferencia durante un equinoccio; así desde su inicio el edificio sagrado quedaba ligado al macrocosmos. La puerta de entrada estaría en el Oeste (punto en donde el sol se oculta) y el fondo más profundo al Este (rumbo donde el sol sale), estableciendo así su eje mayor. A partir de ello se realizaría toda la obra, cuya base normalmente tendría la forma de cruz (sus brazos hacia el Norte y el Sur) y culminaría con la portada de la fachada para darla por terminada.

Orientada de este modo, quien ingrese por la mañana en una catedral gótica, desde la entrada avanza lenta y progresivamente hacia la sagrada luz que ingresa por la cabecera de la misma (fondo en donde se encuentra normalmente el altar principal), dejando su profanidad y materialidad detrás suyo. Incluso desde antes de entrar -pues fueron erigidas de modo que al mirarlas desde el exterior se entremezclaran con el cielo y expresaban, a quien intuía su igualmente enorme simbolismo-, todo un Universo, inmenso a la vez que minúsculo e individual, con todos sus ángeles y demonios acechantes (gárgolas), animales, plantas y otras muchas representaciones. Pero desde afuera solo puede apreciarse una parte de lo que espera dentro… Es particularmente en su interior en donde los constructores concentraron todos sus conocimientos y lo intentaron todo.

Esa inmensidad a lo largo y a lo alto es sumamente inspiradora, tal altura da una sensación de elevación, inspiración espiritual y casi ingravidez, que de algún modo transporta a lo divino, aumentando el sentimiento debido a la intensidad de la luz que se filtra entre los muros delgados, por las casi transparentes paredes vestidas con vitrales llenos de simbolismo en su parte superior, a modo de magistrales pinturas murales elaboradas como un rompecabezas de colores, que permiten iluminar la atmósfera externa e interna; al atardecer, los últimos rayos del sol son llevados al interior a través de la Rosa de los Vientos o Rosetón que se encuentra sobre la puerta de entrada, a menudo con representaciones de Jesús, El Cristo, rodeado por los 12 signos zodiacales en lugar de sus apóstoles. Eso no es tan extraño a pesar de que la Biblia indica claramente que la astrología es una herejía, pues en los vitrales se plasmaban escenas de mitos bíblicos y la vida de algunos santos, pero también alternando con otros mitos “paganos”, con los arcanos mayores del tarot, con mitos egipcios y de otras antiguas culturas, en un sincretismo expresado tan magistralmente que apenas es notado por quien observa bien, los conoce y los descifra.


Un ejemplo que no quisiera dejar de mencionar es la pequeña pero hermosísima Saint Chapelle (Capilla Santa) de París. Esta tiene dos plantas: se entra por la inferior a un espacio magnífico que deslumbra por el mucho oro que contiene, las flores de lis doradas sobre las paredes de colores, en donde se encuentran incrustadas además piedras preciosas, y sus alquímicas columnas negra y roja al fondo, sobre un piso de cantera labrado con muchos símbolos, el cual duele pisar y difícilmente se puede apreciar con tantos pies de la gente sobre él; en la esquina suroeste hay una discreta entrada para subir por una escalera de caracol, que va conduciendo a uno hacia la planta alta… Cuando se llega a ella, uno queda completamente impresionado, atónito y sin palabras, pues se ingresa a un espacio realmente sobrenatural, totalmente rodeado por la iluminación de los magníficos vitrales que van del piso a las alturas. Uno sabe que no había otro modo de entrar ahí, simplemente no se puede ingresar directamente a un sitio como ese… Se requiere de una entrada lenta y un ascenso previo mediante una simbólica escalera de caracol para llegar a esa luminosidad tan fantástica, asociado claro a una iluminación espiritual por analogía; si se logra o no, ese es otro cantar, pero el sentimiento es realmente sublime. La abundante luz colorida en efecto da un carácter sobrenatural, pues se trataba de representar al Ser y su relación con lo Celeste.

Se trataba de crear un estado: quien entrara en una de sus catedrales debía sentirse sobrecogido con esa exposición grandiosa de luz, luz divina e iluminadora, pero no plana sino llena de color y que es cambiante con el movimiento del sol, tal como si se ingresara en lo sagrado y divino, y en cierta forma se hace… es un espacio sacro sin duda. Recordemos que la luz también está ligada al número.

Se dice que Notre Dame en París es todo un libro de piedra, del cual hay que aprender a interpretar sus letras para poder leer todo lo que tiene que decirnos, de otro modo aunque todo está a nuestra vista no lo podemos ver en realidad y su significado verdadero, su verdad permanece oculta ante nuestros ojos.

Como estos, hay muchos ejemplos principalmente en Francia, Inglaterra, España y Alemania, naciones en las que durante casi 300 años fueron construidas no solamente catedrales, sino también iglesias, monasterios góticos y uno que otro edificio civil. La primera catedral completamente gótica fue la Iglesia de Saint Denis, muy cerca de París, la cual comenzó a edificarse en el año de 1140; este estilo gótico francés se expandió a otras partes, de hecho a casi toda Europa y entre sus construcciones más reconocidas se encuentran las catedrales de Notre Dame de París, Reims, Amiens y desde luego Chartrés con su azul espectacular.

Cualquiera que sea, todo elemento inferior, material y mundano, queda supeditado a la idea de la elevación; se creaba a la par una mejor resonancia acústica, para la música especialmente. De acuerdo con el tercer volumen de “El Arquéometro” de Saint Yves D´Alveydre, habían capillas y catedrales que eran construidas en consonancia con una nota o acorde musical en particular, y a partir de esto se realizaba todo el trazo geométrico. La música que se interpretara dentro de una de estas catedrales debía a su vez estar en consonancia con la nota de la edificación, por lo que las partituras tenían que ser elaboradas matemáticamente (con el apoyo del instrumento llamado arqueómetro justamente), pues dice: “conforme a este se realizaba la aplicación rigurosa y exacta de las leyes de la armonía musical, a todas las artes y oficios de artes estéticos” y lo mismo pasaba con los colores sobresalientes que eran empleados; todo debía vibrar en perfecta armonía en el interior.


Plantea Saint Yves que la música y sus leyes de armonía tienen que adaptarse a las proporciones (mediante los intervalos y acordes) y a las formas (por las vibraciones de estos mismos). Las leyes que las regulan son los números, pues de ellos depende la medida de los sonidos, las proporciones y las formas para lograr así mismo una arquitectura parlante y musical, inseparable de la construcción y la elaboración de objetos sagrados y estéticos, lo cual ilustra con algunos ejemplos, como la Grand Chapelle (Gran Capilla), de la cual afirma que todos los objetos que contiene, así como vitrales y decoración, están adaptados exactamente a las notas que se traducen en letras y del cual obtiene incluso el nombre que la capilla debe materializar, basados en el acorde La-Do-Mi. Por ello el estilo de cada objeto y su color cambian con cada nombre divino. 


Apenas y hemos visto un esbozo de la inmensidad que requiere el estudio o la simple observación de las catedrales góticas, auténticos libros pétreos de exuberante belleza que pareciera eterna. Ellas son en sí verdaderas obras maestras del Arte Real, pero bien podemos contentarnos aunque sea con tener la oportunidad de algún día mirarlas de frente e ingresar en su espacio sagrado por unos momentos, independientemente de nuestras creencias religiosas (o falta de ellas), y permitirnos abandonar lo más denso y temporal en nosotros para transformarlo en infinito y sublime, simplemente dejando que nuestros sentidos lo disfruten, y para así acompañar en su movimiento ascendente a cualquiera de esos “organismos que crecen hacia el sol”.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Megarchirequete GRACIAS por este interesantísimo articulo sobre la arquitectura gótica. ojalá tuvieran algo del gótico,pero en nuestro país. seria sumamente interesante y fácil de constatar y " leer" sus vitrales fachadas esotéricas. aun así.como dijo Pedro Vargas.....muy agradecido,muy agradecido y muy agradecido.
Carlos Escalera

Anónimo dijo...

Mil gracias por tan importante información suministrada, quede maravillada con la definición de lo que es masonería y mas aun la definición de la arquitectura gótica. ojala pueda ir a París para sentir lo que usted quiso expresar por medio de la escritura.
Dios la bendiga
AdrianaG

Anónimo dijo...

¡Felicidades! Querida hermana es un artículo excelente.
Tengo por acá en Celaya, un semanario que asociado con un hermano periodista, editamos cada lunes y lo hacemos en vía electrónica. ¿Te interesaría publicar algunos de tus trabajos? Hay completa libertad de expresión y no necesariamente tendrían que ser de masonería. Eso lo decides tú. Ya sabes que podemos escribir de nuestra Augusta Institución, sin hacer revelaciones, así como en este hermoso artículo .
Me avisas por favor y te mando un fraternal abrazo. S.:F.:U.:
Gerardo S.

Anónimo dijo...

Interesante articulo, mucho apreciare si me informas que Rito practicas y si me facilitas Bal:. del Gr XXXII y XXXIII.
Horacio B.S.

Anónimo dijo...

AGRADEZCO EL HABERME COMPARTIDO ESTA INFORMACION. TENGAN UN HERMOSO DIA. ATENTAMENTE AKETZALLI.

Anónimo dijo...

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