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martes, 3 de diciembre de 2013

ORIGEN DEL ÁRBOL DE NAVIDAD



El 24 y 25 de diciembre ha sido una fecha especial para muchos. A lo largo y ancho de la Tierra, fueron elegidas esas fechas para celebrar el alumbramiento de la Reina del Cielo,  la Virgen Celestial de la Esfera (Isis, María, Coatlicue, Maya), y el nacimiento del Dios Sol, bajo distintos nombres: Jesús, Buda, Mitra, Baco, Adonis, Horus, Huitzilopochtli, Hércules, Frey, todos ellos simbólicamente nacidos durante el Solsticio de Invierno, cuya puerta abría Jano (la puerta de los dioses en invierno). 

Al Solsticio de Invierno se le denominó “La noche Triple”, aludiendo así a las Tres Luces Sagradas o Trinidad simbolizada por un triángulo, representando que Dios el Salvador del que se trate, nace conteniendo a tres personas en una sola Divinidad.

 Lo mismo en Roma se tomó a este fenómeno como días santos, mediante la celebración “Natalis Solis Invietti” (Aniversario de nacimiento del Sol invisible). 

Los pueblos germanos celebraban este Solsticio con el nombre de Jule Feast (Fiesta Navideña).

 Los escandinavos le llamaron “La Madre Nocturna” y la Fiesta fue llamada Jul, que significa Navidad (Navidad es Natividad o Nacimiento... del Sol). 

Los Druidas en Bretaña e Irlanda, y entre los galos, celebraban el 25 de diciembre con fogatas, llamándole Nolagh que significa “Día de la Regeneración”, y para los franceses ahora se llama Navidad.



El árbol de Navidad tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol; su nombre era Ygdriasil. Esto que explica la costumbre de poner a los árboles luces. 

Ciertas especies de árboles fueron considerados como símbolos de la vida, aquéllos que no perdían en el invierno su verde follaje, cuando casi toda la naturaleza parece estar muerta o dormida.
En algunas casas en los países nórdicos durante el invierno, se cortaban algunas ramas y se les decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno; de ahí la permanencia de las coronas y guías navideñas.
El árbol en sí tiene varios significados trascendentales, ya que ha sido entendido como un símbolo de la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hasta el cielo. Por eso en varias religiones, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad y de la divinidad con el hombre. 

En Mesoamérica el árbol guardaba un significado místico, inclusive se tenía el ahuehuete como un árbol sagrado (de Huehueteotl, Dios del Fuego -o al ahuejote, nativo de la región de Xochimilco, en la Ciudad de México-). También así era para las tribus nórdicas europeas, celtas, quienes tenían árboles sagrados, alrededor de los cuales se reunían para ritualmente entrar en comunión con la divinidad.

En el norte de Europa, sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad “cristiana”. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín; y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.

Para los bretones, pueblos celtas del sur de la Gran Bretaña y norte de Francia, el árbol de Navidad fue descubierto por Parsifal o Perceval, caballero de la mesa redonda del rey Arturo, que mientras estaba buscando el Santo Grial vio un árbol lleno de luces brillantes, que se movían como estrellas.
El hecho es que varios pueblos de Europa, Asia y América consideraban que los árboles eran una manifestación de la madre naturaleza, por lo que les rendían culto. Creían que cuando el árbol perdía sus hojas al llegar el otoño, el espíritu de la naturaleza había huido, por lo que les colocaban diferentes ofrendas para que regresara.

Después se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol (enviados por los Reyes Magos, extraño que el cristianismo hable de Magos cuando en la biblia los sataniza, mismo caso de Aarón y Moisés, pero hay sus excepciones como en todo lo que le convenga), Olentzero o Papá Noel dependiendo la leyenda de la región donde se encuentre, pues para los fenicios este personaje era conocido como Moloch, personaje del antiguo mito solar del solsticio de invierno, el cual el cristianismo maquilló como la figura del obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás. Se estima que San Nicolás de Bari, nació cerca del año 280 en Turquía, era hijo de una familia acomodada, y se le conoce por haber realizado milagros a niños y por su gran generosidad al compartir regalos con la gente pobre, de ahí que fuera considerado Santo, convirtiéndose en el patrono de países como Grecia, Turquía, Rusia y Lorena (Francia).

Como se comentó en la introducción, en la antigüedad se celebraba el nacimiento del hijo de la Madre de los Cielos, bajo cualquiera de sus nombres, que alumbraba al sol naciente, bajo cualquiera de sus nombres. Semiramis y sus seguidores sostenían que en el solsticio de invierno, un árbol siempre verde brotó durante la noche de un tocón seco en Babilonia, lo cual anunciaba que Nimrod volvería secretamente todos los años a la misma hora para dejar presentes en el árbol. 

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas, son del siglo XV; entre ellos se menciona a la región de Alsacia, tierra que se encuentra como Alemania y Francia. Según estos documentos, en los países nórdicos, comienzan a reunirse las familias en torno a un árbol de Navidad. El día 24 los niños eran llevados a pasear o de día de campo, mientras los adultos colocaban y decoraban con dulces y juguetes el árbol; a su regreso los niños eran sorprendidos con un hermoso árbol decorado y así daba inicio la celebración de la fiesta de Navidad (nacimiento del sol).

Volviendo a la idea de que para los hombres los árboles tienen un significado muy especial y que en todas las culturas encontramos que el árbol tiene cierto significado antropológico, místico y poético, se le tiene cierta reverencia por los beneficios que aporta al hombre. Es muy común el que los árboles estén relacionados con la fecundidad, el crecimiento, la sabiduría y la longevidad, pero en primer lugar se asocia al árbol de Navidad con el árbol de la vida de las distintas creencias en el mundo; la fruta y las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que la naturaleza ha brindado a todos los seres creados para su sustento. 

Con el renacimiento del sol todo lo creado renace, al igual que el interior del hombre renace y tiene acceso a la plenitud de la vida; eso explica la existencia de muchos “niños divinos” alrededor del mundo. Mediante el árbol de navidad se agradecen esos dones e inspira a esperar otros nuevos. Por eso representa a la naturaleza restaurada y engalanada para recibir al nuevo sol que garantizará la supervivencia de todas las especies, así como esperar la prosperidad  y la evolución.

El árbol perennemente verde saluda en nombre de la naturaleza renovada al mundo; con otra idea más apropiada por el cristianismo, se inspira el Salmo 5 al afirmar:

"Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo".

Al igual que el sol, el árbol de Navidad también representa al árbol que nace y que con el tiempo madura y dará frutos, que en su momento serán cosechados (Ningún árbol fue tan rico ni en frutos ni en flor, se afirma en la Liturgia del Viernes Santo). 

Sus luces son las estrellas, el cosmos, aunque representaban así mismo al fuego (antes de las luces eléctricas, se colocaban clips decorativos para colocar pequeñas velas en ellos; y la estrella que se coloca en la punta, representa a la estrella polar, que sirve de orientación al hombre desde el cielo.
Isabel Martínez Pita, en un artículo navideño, indica que su origen se remonta a la época de los celtas, donde era considerado un elemento sagrado de la naturaleza. Se sabe del uso del árbol, adornado y venerado por los druidas de centro-europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de todos los elementos de la naturaleza. Estos pueblos celebraban el cumpleaños de uno de sus dioses adornando un árbol perenne en el solsticio de invierno.

Expansión de su uso

Es posible que el primer árbol de Navidad, como lo conocemos hoy, se registre en Alemania, donde se implantó por primera vez en 1605 para ambientar el frío de la Navidad, comenzando así su difusión. A Finlandia llegó en 1800, mientras que a Inglaterra lo hizo en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, con lo cual esta costumbre cobra fuerza y se extiende como moda, cuando la Reina Victoria para celebrar la Navidad hace colocar un árbol en el palacio, decorándolo con velitas que hacen relucir una serie de bellos y finos adornos. Después de la muerte de la reina, el pueblo se puso de luto y se dejaron de colocar los árboles en las casas por un tiempo, pero pronto se recuperó esta tradición e Inglaterra volvió a iluminar sus hogares con los árboles de navidad.

La costumbre llegó a España en el año 1870, por una mujer de origen ruso llamada Sofía Troubetzkoy, que después de enviudar del duque de Morny, hermano de Napoleón Bonaparte, contrajo segundas nupcias con el aristócrata español Pepe Osorio, el Gran Duque de Sesto, uno de los mayores promotores de la Restauración borbónica que permitió a Alfonso XII reinar. Por ello, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid, en el palacio de dichos nobles, edificio que ocupaba el lugar donde actualmente se contempla el Banco de España, en el Paseo del Prado, esquina con la Calle de Alcalá.

De Inglaterra pasó directamente a Estados Unidos en tiempo de la colonización. August Imgrand, un hombre de Ohio, fue quien instaló el primer árbol navideño en 1847, desde entonces es este país el que ha abanderado la instalación de adornos por Navidad.

En China no utilizan pinos sino naranjos porque estos retoñan y florecen en diciembre; en Japón esta fiesta tiene un significado de amor hacia los niños, y los árboles son decorados con cascabeles de vidrio, abanicos de colores y papel dorado.

San Bonifacio, el hombre que quiso eliminar este árbol… ¿Bonifacio, Lutero o Winfrid?

San Bonifacio (680-754), misionero de los primeros tiempos del cristianismo, se encontró en la Alemania del siglo VII con el culto a estos árboles y se propuso eliminar esta legendaria tradición, por lo que ante la mirada de los germanos tomó un hacha y cortó el árbol, plantando en su lugar un pino, símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas y con velas, alterando su significado diciendo que las manzanas representaban a las tentaciones y al pecado original, y que las velas eran la luz de Cristo que ilumina el mundo. Comprendió que era imposible arrancar de raíz esta tradición “pagana” (ajena al cristianismo), y la adoptó dándole un sentido cristiano (como muchas otras tradiciones), haciendo que el árbol adornado fuera también un símbolo del nacimiento de Cristo (solsticio de invierno). 

Aunque muchos otros comentan que Martín Lutero (1483-1546) fue quien introdujo esta costumbre al adornar con manzanas a un árbol, para tratar de explicar los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo. Mucho consideran que fue él quien “lo inventó”. Según la leyenda, una noche en la que Lutero regresaba a casa, observó que la luz de las estrellas centelleaba en las ramas de los árboles cubiertos de nieve. Esto le hizo recordar la estrella de Belem que guio a los pastores la noche en que nació Jesús e inspirado por esta imagen taló un árbol, lo llevó a su casa y lo decoró con velas, nueces y manzanas tratando de explicar así los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo.

Otra versión dice que un monje inglés, llamado Winfrid, taló un roble durante una nochebuena, para evitar que los celtas le ofrecieran sacrificios humanos y sucedió que en el lugar de donde fue derribado el roble, brotó milagrosamente un abeto.

Sin embargo, es difícil conocer exactamente cuándo comenzaron a utilizarse los adornos de Navidad, aunque se tiene el dato de que en el año 200 ya fue denunciado el uso de árboles en estas fechas, de forma pagana.

Una versión siniestra

Ramón Talavera Franco, tiene una versión un poco más siniestra, afirmando que el primer árbol de navidad fue decorado con sangre o incluso carne, afirmando que en la Alemania precristiana se realizaban dos ritos: el primero al Dios Odín (Padre de todos, según la mitología escandinava), donde un grupo de guerreros se reunía en torno al roble sagrado de Odín y a manera de tributo, ofrendaban las vidas de los prisioneros de guerra. El segundo rito era dedicado al Dios Thor, (hijo de Odín y considerado como el más fuerte de todos los Dioses nórdicos), mediante una ceremonia a la cual se llevaban pencas de palma de doce hojas, cada una de las cuales representaba un mes del año; al finalizar la ceremonia, encendían la punta de cada hoja y apilaban las palmas en forma de pirámide formando una hoguera en su honor. 

Sea o no cierto, la Corona de Adviento sí tiene su origen ahí, pues existía la costumbre de encender velas durante el invierno para ofrendar al dios sol, pidiéndole que regresara con su luz y calor. Los primeros misioneros aprovecharon esta costumbre para evangelizar a las personas: el círculo como símbolo del tiempo reflejado en el ciclo de las estaciones; las ramas, significando la persistencia de la vida a través del elemento vegetal y la adoración al Sol como origen y fuente de la vida mediante la luz de las velas.

Cuatro velas decoran la corona de ramas verdes, cuyo color se corresponde con el de las vestiduras del sacerdote a lo largo del periodo de Adviento. Tres colores litúrgicos se utilizan en la corona de Adviento: el morado, color de profundización espiritual y preparación en las velas correspondientes a las tres primeras semanas de Adviento; el color rosado se usa en la misa del Domingo Gaudete (la tercera semana de Adviento), y resulta de la mezcla del morado con el blanco, para indicar la cercanía de Navidad; finalmente, en algunas coronas se pone una quinta vela, más grande y de color blanco, que se enciende el día de Navidad.

Difusión y comercialización de los adornos

Los abetos necesitaban decoraciones, por lo que se comenzaron  a crear adornos en algunos pueblos de Alemania. En estos mercados, la gente compraba regalos, comida, pan de jengibre y adornos de velas para colocarlos al pie de sus árboles, en la época donde las familias comenzaron a tener la costumbre de reunirse en torno al árbol de navidad, como empezó a llamarse. Fue entonces cuando el 24 de Diciembre, fecha del Solsticio de Invierno (el cual por los cambios de la tierra es ahora el 21 o 22 de diciembre), alterado como “nacimiento de Cristo”. 

También las mujeres se encargaron de confeccionar decoraciones navideñas en sus casas, siendo algunas de ellas: ángeles, pequeñas bolsas que contenían regalos secretos, canastas con almendras azucaradas y velas.

Siglos XIX y XX

Debido a la cada vez mayor tala de árboles, se empezaron a fabricar los árboles artificiales en Alemania y se exportaron a todos el mundo, a través de tiendas como FW Woolworth. Fueron seguidos por patentes de luz eléctrica y ganchos de metal para colgar las decoraciones.

Estos primeros árboles eran pequeños, pero a finales del siglo 19, comenzaron a  fabricarse árboles cada vez más grandes. Esto marcó un hito en la sociedad, convirtiéndose en un símbolo de estatus: mientras más grande era el árbol, más opulenta era la familia. Y con respecto a los adornos ¡ni se diga! Fue la época en la que se sobrecargaban los árboles con todo tipo de decoraciones. 

En ese entonces el mercado de árboles y adornos de navidad empezaba a expandirse por toda América y Europa, pero durante la primera guerra mundial, los árboles de navidad tuvieron que ser guardados en sus cajas en espera de la ansiada paz. En Inglaterra, por ejemplo, algunas familias optaron por decorar pequeños árboles y colocarlos en sus refugios, como una manera de aligerar su espera, pero al finalizar la guerra, inmensos árboles de navidad decoraron las plazas públicas y los hogares. 

A mediados de los años 60’s, las ideas modernistas acapararon el mercado de los árboles de navidad y empezaron a crearse los árboles de aluminio plateado, pero hacia los años 70’s se recobró el gusto por los árboles naturales. 

Ahora, los materiales, tamaños y formas de los árboles de navidad son muy variados, de material sintético, naturales, secos, frescos, blancos, dorados o verdes, con nieve artificial o sin ella. Los fabricantes compiten por hacer adornos cada vez más llamativos y las tiendas llenan sus anaqueles con esferas, muñecos, ángeles, Santa Clauses que ríen y bailan moños, campanas, piñas, galletas, guirnaldas, animales y esferas multicolores, regalos y todo tipo de adornos coloridos; luces de colores con o sin música, revistas para elaborar manualidades, y toda una industria que crece año tras año en torno a la navidad. 

Sin duda alguna, el árbol de navidad es uno de los símbolos más hermosos de esta época del año; siempre causan admiración porque cada uno tiene su encanto especial que refleja la creatividad e incluso las ideas y creencias de quienes lo ponen, y que hacen de cada árbol de navidad una obra única y digna de ser admirada.

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Sobre el resto de las tradiciones de la temporada, se recomienda leer el artículo “Tradiciones Decembrinas”, de Rosa María González Chávez, en el vínculo "Fiestas de la Tierra" en este blog.

1 comentario:

Sergio Miranda dijo...

GRACIAS POR LA INFORMACIÓN APRENDI MUCHAS COSAS NUEVAS E INTERESANTES PARA MI SE LOA AGRADEZCO Y ANTICIPADAMENTE LES DESEO UNA FELIZ NAVIDAD Y PROSPERI AÑO NUEVO SINCERAMENTE SERGIO MIRANDA NAVARRO

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