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sábado, 2 de febrero de 2008

YO, PITAGORAS 3

TERCER GRADO (MAESTRO)

Yo daba al nuevo alumno los principios de la ciencia para que la primera iniciación dejara caer la venda que tapaba los ojos de su espíritu. Después le sacaba la liviana venda de la mitología, para lanzarlo al infinito y para bañarlo en el sol de la inteligencia.

Pero la ciencia de los números era sólo la introducción a la gran iniciación. Ahora yo tenía que bajar al alumno hasta las profundidades sin límite de la naturaleza. La cosmogonía y la psicología tienen que ver con los más grandes secretos de la vida, secretos cuidadosamente protegidos por las ciencias y las artes ocultas.

Para mí, el universo es una cosa viviente, animado por un alma grande y compenetrado por una enorme inteligencia. La segunda parte de mi enseñanza empezaba en la cosmogonía.

...Mi astronomía era parecida a la de un sabio egipcio que conocí, con el Sol fijo y la tierra que le gira alrededor. Pero ésta es una astronomía puramente simbólica. En el centro de mi universo está el fuego primordial, del cual el Sol es sólo un pálido reflejo.

Yo digo que la tierra es la región de la vida corporal. Aquí las almas se encarnan y descaman, pero siempre de humano a humano (no como algunos dicen de un humano a un animal o a un dios, dependiendo de las acciones en la vida). Siempre de un humano a otro. O uno más vil o una más noble, pero humano al fin.

La esfera de los seis planetas y del Sol representa las siete categorías ascendentes de los espíritus. El Olimpo es una esfera que gira, que yo llamo el cielo de las estrellas fijas, y que es parecido a la esfera de las almas perfectas.

Sin embargo, a mis alumnos del Tercer Grado les explicaba el doble movimiento de la Tierra. Yo sabía que los planetas, separados del Sol, giran alrededor de éste. Me lo habían enseñado los sacerdotes de Menfis. Yo sé que las estrellas son sistemas solares regidos por leyes iguales a las huestes. Yo enseñaba todo esto en el más absoluto secreto, ya que hubiera aterrorizado a la gente común. Los planetas son hijos del Sol, y cada uno tiene su alma particular.

Son cuatro los elementos que constituyen todas las cosas y todos los seres. Estos son cuatro estados ascendiente de la materia ya que el primero es casi todo materia, y el cuarto casi todo espíritu. Son la tierra, el agua, el aire y el fuego. El quinto elemento es el éter que tiene penetración universal, que es la luz astral, que es el alma del mundo.

Lo que había aprendido en Egipto me explicaba cómo se formó la humanidad, y cómo sus diversas razas pasaron por los muchos cataclismos que este planeta ha sufrido. Pero yo sé que el problema, el misterio eterno es el del alma humana que se dice: “Yo soy de aquí. Me voy a otro lado. Pero a dónde iré?”

Por fin explicaba a los alumnos que el secreto de los sabios iniciados estaba encerrado en la frase “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”. Mis palabras hacían que la materia se tornara liviana, hacían que las cosas de la tierra se hicieran transparentes y las del ciclo visibles al ojo del espíritu. Contaba a los alumnos la historia de Psique, la historia del alma humana, pequeña chispa del alma del universo. Yo simbolizada la Psique como un viento pasajero, como una semilla o como un pájaro volando en la tormenta. Les decía a mis atentos alumnos que el alma no es un doble etéreo del cuerpo, el cuerpo espiritual que llamaba “El sutil vehículo del alma”. Al morir, si el alma no es pura, vuelve a encarnarse, pero si es pura, llega a su propio mundo y se une a todas sus compañeras, ya que los que se entienden, eventualmente se reúnen.

Mis alumnos se preguntaban si había un fin a las aventuras de Psique después de tantas vidas y muertes, sueños y despertares. Yo les decía que sí, que cuando el alma encuentra en sí el alfa y omega de todas las cosas, no necesita encarnarse más, y se puede reunir perfectamente con la inteligencia divina.

Explicaba a los alumnos que debían evitar reuniones masivas porque en ellas nunca está la sabiduría. Les recitaba versos de Homero y de Hesíodo, a veces tocando la lira para acompañarme. Otras veces, todos bailábamos los bailes sagrados. Cuando terminábamos salíamos a la frescura de la mañana.

CUARTO GRADO (MAESTRO PERFECTO)

Aquí el alumno debía lograr reunir tres perfecciones: Verdad en el intelecto, virtud en el alma y pureza en el cuerpo.

Estas enseñanzas reúnen unos secretos tan peligrosos, que no me animo a explicarlos aquí, y dejo que la tradición oral los lleve hasta la época de quienes estén leyendo.

Mis discípulos siempre me han dado más glorias que mis libros, y sé que su tradición no se va a perder.

Quiero seguir con la historia de mi vida. Entre las mujeres que seguían mis enseñanzas, había una bellísima joven de 17 años de nombre Teano, hija de Srontino de Crotona, de linaje Cretense. Yo tenía ya más de 60 años, pero mi vida pura, dedicada sólo a mi escuela, me mantenía fuerte y viril. Una tarde Teano se aproximó mientras yo estaba meditando en el jardín. Hablamos, y sus palabras me conmovieron. Nos casamos, y nuestra unión fue perfecta. Me dio 2 hijos, Arimnesto y Telanges, y una hija, Damo.

He vivido en Crotona un total de 50 años. Me esforcé para mejorar el sistema político. En esa ciudad existía el “Consejo de los 1000”, elegido entre los miembros de las más importantes familias. Yo hice un “Consejo de los 300”, superior al “Consejo de los 1000” elegido por éste, pero sólo entre mis iniciados. Así pudimos infiltrar ideas democráticas en el gobierno. Yo soy el jefe del Consejo de los 300, y todos los miembros juramos secreto absoluto.

Mis ideas y las de mi escuela se han expandido por toda la parte italiana de la Magna Grecia. En todos lados se dice que los pitagóricos llegan no para enseñar sino para curar. Las personas dicen que admiran más a un pitagórico cuando calla, que a los demás filósofos cuando hablan, aunque sea con gran elocuencia. Hemos llevado la democracia y la libertad a los pueblos de Síbaris, Catania, Regio Hímera, Acragante, Tauromenio y muchos otros más.

Ya he cumplido 90 años, cosa que logran muchos hombres en mis tiempos. Ahora ha llegado la reacción a mis enseñanzas. Un hombre llamado Clión, que yo no había querido admitir a la escuela por su carácter violento, despótico y difícil, empezó a levantar al pueblo en contra mío, leyendo en las plazas extractos robados de mi libro “Palabra Sagrada”. Fuera de contexto dan la impresión de que quiero convertirme en el Tirano de Crotona.

Clión parece no poder dominar su cólera, y trama complot en contra nuestro. Esta noche estamos reunidos los 40 más importantes miembros de los 300 en la casa del ausente Milón el atleta. Mis amigos hablan mientras yo escribo.

La turba acaba de prender fuego a la casa. Debo terminar de escribir ya mismo, para enterrar los escritos en un lugar seguro, antes de que irrumpan en ésta habitación.

Creo que vamos a morir todos, y que la puerta de la casa mañana estará cubierta de telas negras. Recuerden, mis lectores, que en mis previas encarnaciones, yo fui Euforbo, Etálides, Hermótimo y Pirro antes de ser Pitágoras.

Espero haber acumulado suficiente mérito para que mi alma no tenga que volver más a la Tierra.

Mi deseo es que estos escritos los encuentre alguien que pertenezca a una escuela iniciática, ya que él y sus amigos cercanos podrán entender, mejor que otros, mis palabras a través de los siglos.

Hermanos del futuro, yo, Pitágoras, su antiguo hermano, os saludo.

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