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lunes, 14 de julio de 2008

CARBONARIOS


Por:. GIOVANNI STIFFONI.

Los orígenes de la Carbonería, creación a considerar como autóctona de Italia meridional, aunque después llegara a ser también organización europea, son oscuros e inciertos.

Parece que su difusión, entre 1806 y 1811, en el reino de Nápoles, deba atribuirse a algunos oficiales y funcionarios franceses e italianos al servicio de José Bonaparte y de Murat, los cuales habían formado parte de la secta de los Filadelfos, formada en los primeros años del s. XII en el Franco Condado por exjacobinos y oficiales subalternos fieles al ideal republicano.

El ritual y el simbolismo de la Carbonería tienen, además, muchos puntos de contacto con los de los Charbonniers, especie de Compagnonnage de carboneros, leñadores, cazadores y contrabandistas de la región del jura y desaparecidos en seguida bajo la influencia de los Filadelfos; también tienen puntos de contacto con el ritual de las logias masónicas de rito escocés, que se hallaban difundidas desde hacía tiempo en el Mediodía italiano y con las que estuvieron en estrecho contacto los Filadelfos.

Pero a diferencia de la masonería, los c., aprovechando la triste experiencia sanfedista, se presentaron con un ritual y un simbolismo de tipo católico, ya existente, por lo demás, en los Charbonniers, pero acentuado por los c. del Mediodía de Italia: se consideraba a Cristo como el primer c., y a S. Teobaldo como patrón de la secta.

Los iniciados en la Carbonería, que tomaron el nombre de Buenos Primos, se dividían en dos grados: uno inferior, de aprendices, y otro, superior, de maestros.

Ambos estaban organizados en secciones, divididas jerárquicamente, a su vez en barracas, ventas, ventas matrices y altas ventas.

Las complicadas ceremonias de iniciación eran más o menos copia de las masónicas.

Su difusión fue rápida.

Ya en 1807 sabemos de la existencia de un grupo de c. en Basilicata; en 1811, la Carbonería está ya difundidísima en todo el reino de Nápoles.

Sus afiliados son pequeños propietarios, miembros de profesiones liberales, eclesiásticos, guardias cívicos provinciales, soldados y oficiales del ejército y también algunos grupos de campesinos, unidos a pequeños burgueses para afrontar los problemas creados por la ruina de las instituciones feudales y por la partición de las haciendas públicas.

Los fines políticos consistían en implantar un gobierno constitucional y expulsar a los extranjeros de la península.

En principio, el gobierno de Murat intentó servirse de la secta, pero sobre su influencia prevaleció la anglo-borbónica, aunque tras la participación de la Carbonería en los disturbios liberales de Calabria (1813) y los Abruzos (1814), provocados por los errores de Murat, la secta acabó siendo un eficaz instrumento para la restauración de los Borbones.

Después de la derrota de Murat (1815), la Carbonería se difundió, a través de las Marcas y Romaña, hacia la Italia central y septentrional.

Pero en esta última se encontró con una organización sectaria precedente y más fuerte: la Adelfia, de Buonarroti.

Por tanto, esta influencia buonarrotiana puede ser la causa del despuntar de un tercer grado o del Gran Maestre (pero se tiende a asignarle una primitiva raíz carbonaria meridional), de ideas igualitarias, tendentes a la proclamación de la república y la promulgación de leyes agrarias.

Pero este grado, o se tuvo en secreto, o se abolió, o fue sustituido por otros siete grados de tipo masónico, profesantes de ideas genéricamente humanitarias, constitucionales e independientes.

La característica fundamental de la Carbonería es la de ser más un partido de acción que de pensamiento, y así, después de que la Alta Venta de Salerno, siguiendo el ejemplo de la revolución española, hubo incitado al ejército al pronunciamiento (2 jul. 1820), y conquistado el poder en el reino de las Dos Sicilias, la Carbonería se transformó en una organización semipública, que asumió exteriormente actitudes jacobinas, pero esencialmente conservadoras, no consiguiendo, por su intrínseca incapacidad política, aplacar el descontento de los propietarios y defraudando al mismo tiempo las esperanzas de los campesinos.

La intervención austriaca y la dura represión de Canosa, aunque no llegaron a suprimir definitivamente la secta, produjeron el efecto de agotarle en vanas tentativas insurreccionales aisladas.

En los disturbios piamonteses y lombardos de 1821, estuvieron presentes elementos c., Adelfos y Federados, mas el fracaso de los mismos y la dura represión les llevaron al exilio.

Pero mientras que, en el Norte, la acción represiva relegó la Carbonería a la inactividad, en los Estados Pontificios y en el napolitano, quedó parcialmente activa; en Sicilia continuó subsistiendo una forma indígena de Carbonería antinapolitana.

En 1821, el centro de los c. se traslada de Nápoles a Génova y, después, a Londres.

Una fuerte oleada de c. napolitanos y piamonteses llega incluso a España, con la esperanza de aprovecharse del nuevo régimen constitucional.

En Barcelona, Valencia, Málaga y Madrid se abrieron Ventas y Barracas, pero los masones y comuneros de la Península desconfiaron de los recién llegados, y aunque la masonería se aprovechó de ellos en ciertas ocasiones, perdieron en seguida toda posibilidad de movimiento.

En las jornadas parisinas de julio de 1830 y en los disturbios de 1831 en los Estados Pontificios tomó parte activa la Carbonería, pero su fracaso la reduce como nunca a un cuerpo exhausto y sin alma, viciado por compromisos y privado de iniciativa.

Por tanto asistimos, por un lado, a las tentativas de Mazzini de formar la Carbonería, superando la estructura sectaria y secreta con su nueva organización de la Joven Italia, y, por otro, a las de F. Buonarroti, cabeza reconocida del mundo sectario europeo que, tras las jornadas sangrientas de 1832, emprende la reconstrucció n de una nueva Carbonería, La Charbonnerie transformée, a la que reemplaza hacia finales de 1833 La Charbonnerie démocratique universelle, también destinada a desaparecer.

Las grandes represiones de 1834, en París y en toda Francia, marcaron el fin de esta organización, cuya herencia será recogida por las escuelas sansimonianas y por las nuevas sociedades populares.

BIBL.:
A. BERSANO, Adelli, Federati e Carbonari, «Atti della Reale Accad.
delle Scienze di Torinon, Turín 1909-10;

A. OTTOLINi, La Carbonería dalle origini al primi moti insurrezionali,
Módena 1936;

R. SORIGA, Le societá segrete, 1'emigrazione politica e primi moti per
1'indipendenza, Módena 1942;

A. SAITTA, F. Buonarroti, Roma 1950-51;

G. GARRONE, F. Buonarroti e i revoluzionari europei dell'800, Turín 1951.

Para la Carbonería en España:
V. DE LA FUENTE, Historia de las sociedades secretas, Barcelona 1933;
1. L. COMELLAS, El trienio constitucional, Madrid 1963.

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