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miércoles, 16 de julio de 2008

El Mito en torno al origen de la Masonería

Traduccion de los Hermanos de La Masoneria Explicada

Existen en torno al verdadero origen de la Francmasonería una enorme cantidad de mitos que, a lo largo del tiempo, se han ido asentando en un cierto halo de “oficialidad” apoyada en la falta de historicismo crítico de un importante número de “especialistas” masonólogos, en la vocación romántica de muchos profanos y masones, o en la simple y llana mitificación o tergiversación interesada.

Afortunadamente, sobre todo en los últimos años, desde las Instituciones masónicas más relevantes, se viene desempeñando una exégesis científica sobre la historia y evolución de la orden y ritos masónicos, que va permitiendo que la “luz de la razón” alumbre también un foco de verdad sobre lo que la masonería fue y es en realidad.

En esta línea de clarificación, resulta de especial interés este artículo del Hermano John Hamill, Bibliotecario de la Gran Logia Unida de Inglaterra y Pasado Maestro de la Logia de investigación Quatuor Coronati Nº 2076 que viene a desmitificar muchos de los lugares comunes por los que suelen discurrir las teorías sobre el origen y objetivos de la Masonería especulativa.


John Hamill


¿Cuándo, por qué y dónde se originó la Francmasonería?
Solamente existe una respuesta a estas tres preguntas: no lo sabemos. Y ello a pesar de todo el papel y la tinta que han corrido en aras de su estudio. De hecho estas cuestiones fundamentales han sido bastante oscurecidas por varios historiadores Masónicos muy bien intencionados, pero muy mal informados.

Hace tan solo poco más de un siglo que los historiadores Masónicos británicos comenzaron a examinar con visión crítica la historia tradicional del Oficio (1), la cual había sido escrita por sus predecesores durante los 150 años anteriores. Al encontrar dicha «historia» poco satisfactoria, comenzaron a buscar evidencia documentada directa de la Masonería Operativa, anterior a la formación de la primera Gran Logia de Inglaterra en 1717. Sus investigaciones y sus escritos no se detuvieron, sin embargo, la permanente aparición de obras pertenecientes a lo que podría denominarse la escuela de historiadores Masónicos mística o romántica (en el auténtico sentido de la palabra), generó aún mayor confusión.

Existen, por lo tanto, dos enfoques principales de la historia de la Francmasonería:

El enfoque auténtico o científico, el cual construye o desarrolla su teoría a partir de hechos verificables y documentación de origen comprobado, y el enfoque no auténtico en el cual se intenta colocar a la Francmasonería dentro del contexto de la tradición de los Misterios correlacionando las enseñanzas, la alegoría y el simbolismo del Oficio, con sus homólogos pertenecientes a las diversas tradiciones esotéricas. Para complicar aún más las cosas, existen opiniones divididas dentro de las dos escuelas principales que se acaban de señalar.

El Francmasón común deriva del propio ritual sus primeras nociones de la historia del Oficio. A medida que va progresando en su conocimiento de las ceremonias, aprende que durante la construcción del templo del Rey Salomón en Jerusalén, los constructores calificados (albañiles o masones), se dividían en dos clases: Aprendices y Compañeros. Todos trabajaban bajo las órdenes de tres Grandes Maestros (el Rey Salomón, Hiram -Rey de Tiro- e Hiram Abiff), los cuales compartían ciertos secretos, conocidos tan solo por ellos tres. Aprende, asimismo, que esos secretos fueron perdidos con el asesinato de Hiram Abiff -asesinato que se produjo debido a su negativa de divulgar los secretos- y que se adoptaron ciertos secretos en substitución de los primeros «hasta que el tiempo o las circunstancias restauren los secretos originales.»

Del ritual se deduce inmediatamente que la Francmasonería ya existía y estaba establecida en la época del Rey Salomón y que ha permanecido desde entonces como un sistema intacto. El candidato comprende pronto que el ritual no contiene una verdad histórica o literal, sino una alegoría dramática mediante la cual se transmiten los principios y axiomas fundamentales del Oficio.

La primera historia del Oficio apareció, con sanción oficial, como parte de las primeras Constituciones (2) compiladas y publicadas en nombre de la primera Gran Logia por el Reverendo Doctor James Anderson en 1723.

La obra de Anderson consiste principalmente en la historia legendaria del Oficio de los constructores, desde Adán, en el Jardín del Edén, hasta la formación de la primera Gran Logia de Inglaterra en 1717. Anderson no efectúa distinción alguna entre Masonería Operativa y Masonería Especulativa, con lo cual quedó implícito que la una era la continuación de la otra. Anderson ha sido criticado con frecuencia por su historia; pero esas críticas no son justas con él. Él no pretendía escribir una historia en el sentido en que la entendemos actualmente, sino que se proponía producir una apología que estableciera una honorable filiación para una institución relativamente nueva. Él ni siquiera afirmó haber escrito una obra original, sino que, como lo explicó en la segunda edición de las Constituciones (1738), simplemente resumió las antiguas Constituciones Góticas (3).

Fue de ellas que él retomó las tradiciones según las cuales las Logias de Francmasones habían existido desde tiempos antiguos;igualmente retomó de allí la idea de que varias personalidades bíblicas históricas, y otras puramente legendarias habían sido patrones, promotores o Grandes Maestros del Oficio así como de que un cierto príncipe Edwin había convocado una gran asamblea de Masones en York hacia el año 926 de la era cristiana (4). Durante dicha asamblea les habría otorgado una constitución y les habría ordenado reunirse trimestralmente para gobernar sus Logias. Se da la impresión de que la Gran Logia o Asamblea siguió existiendo en forma ininterrumpida desde esa fecha hasta 1717.

De no haber producido Anderson una versión revisada y considerablemente aumentada de su historia para la segunda edición de las Constituciones, la versión de 1723 hubiera sido aceptada por lo que en realidad era: una apología construida a partir de la leyenda, el folklore y la tradición.

En la edición de 1738, Anderson parece haberle dado, desafortunadamente, rienda suelta a su imaginación, pues construyó una detallada «historia» de la Masonería Inglesa desde la supuesta Asamblea de York, hasta la resurrección de la Gran Logia en 1717 y la continuó inclusive hasta 1738.

Para Anderson los términos Geometría, Arquitectura y Masonería eran sinónimos. Cualquier monarca inglés o personalidad histórica que de cualquier manera hubiera patrocinado arquitectos o Masones, fue ubicado en su lista, bien sea como un Gran Maestro o, por lo menos, como un Gran Vigilante de la Francmasonería. Con el fin de «comprobar» el antiguo e ininterrumpido linaje de la Institución, Anderson aseguró que la unión de las cuatro Logias de Londres para formar una Gran Logia en 1717, no había representado la creación de una nueva organización, sino que había sido la restauración (5) de una antigua organización que había caído en «descomposición», debido a la negligencia de su Gran Maestro Christopher Wren.

Se trata de una aseveración sorprendente, a favor de la cual no existe evidencia, especialmente por cuanto en la versión de 1723 no se menciona ninguna restauración y el nombre de Sir Christopher Wren tan solo figura en una nota al pie de página, como el Arquitecto del Teatro Sheldoniano de Oxford.

Curiosamente, Wren vivía aún cuando apareció la versión de 1723; pero ya había fallecido cuando Anderson emprendió sus revisiones, de modo que el interesado no tuvo oportunidad de objetar.

Debido a que la historia escrita por Anderson fue publicada con la sanción de la Gran Logia, se le atribuyó el carácter de historia sagrada, tanto más por cuanto su contenido no fue impugnado por quienes tomaron parte en los eventos de 1717. Su trabajo resultó de tan grande aceptación que continuó siendo publicado reiteradamente sin alteraciones, simplemente con actualizaciones, en todas las subsiguientes ediciones de las Constituciones de la Gran Logia hasta la última edición de 1784.

Fue plagiado, además, por los diversos editores de unos manualitos publicados en el siglo XVIII, los «Compañeros de Bolsillo de los Francmasones» (6) (Freemasons’ Pocket Companions), y formó la base de la sección histórica de las Ilustraciones acerca de la Masonería de William Preston hasta en la decimoséptima edición (póstuma) de 1861, editada por el Rev. Dr. George Oliver. Hubo planes para incorporarlo en las ediciones del Libro de las Constituciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra, fechadas en 1815, 1819 y 1827.

Se anunció, en ese entonces, que las porciones del libro publicadas constituían una segunda parte y que se publicaría en una primera parte la historia de la Francmasonería. Afortunadamente la primera parte en cuestión nunca se publicó. Con la exportación a América del Norte de las Constituciones de la Primera Gran Logia y las Ilustraciones de Preston y su traducción al Francés y al Alemán, la mala información de Anderson recibió una amplia divulgación y ejerció así un profundo efecto sobre la concepción que se tuvo acerca de la historia del Oficio, así como sobre la consiguiente actitud hacia el tema, actitud que subsistió hasta bien entrado el siglo XIX.

En verdad, la ausencia de una diferenciación por parte de Anderson entre Masonería Operativa y Masonería Especulativa iba a marcar los enfoques de la historia del Oficio por espacio de muchas generaciones, y puede decirse que dio lugar al deseo de establecer un vínculo directo entre ambas, tan pronto como la escuela auténtica inició su aproximación crítica a la historia aceptada de la Orden.

Aunque la aproximación de los escritores de la escuela auténtica aparece como una investigación científica, los métodos empleados por ellos no serían aceptados actualmente como científicos.

A pesar de que ellos examinaron cuidadosamente y comprobaron el origen de cada fragmento de evidencia que apareció, y que sus áreas de investigación se limitaron a los registros y documentos arquitectónicos, de construcción y corporativos, de hecho su trabajo reviste la apariencia de una búsqueda de evidencia susceptible de encajar dentro de una teoría preconcebida.

Dispuestos a probar la filiación directa entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa a través de una fase transicional, ensamblaron fragmentos de información procedentes de varias partes de las islas británicas, fragmentos que parecían formar eslabones en su cadena de descendencia.

Al proceder de esa manera, con frecuencia sacaron la evidencia de su contexto y efectuaron suposiciones para las cuales existía apenas una tenue posibilidad de substanciación. En particular, asumieron la existencia de una uniformidad de condiciones y de actividades en Inglaterra, Irlanda y Escocia e ignoraron así las particulares circunstancias sociales, culturales, políticas, legales y religiosas que marcan diferencias cruciales entre estos países.

No tomaron en cuenta, por ejemplo, que hasta la Ley de Unión de 1707, Inglaterra y Escocia, aunque ligadas a través de la Corona desde 1603, eran países separados, que solamente compartían una frontera común y que los eventos ocurridos en un país, no tenían necesariamente un paralelismo en los países vecinos.

Sin embargo, su teoría era tan persuasiva, tan bien escrita y fue tan divulgada, que su interpretación acerca del desarrollo transicional de la Masonería Operativa a la Masonería Especulativa ha estado peligrosamente cerca de ser aceptada como un hecho incuestionable. Es necesario enfatizar nuevamente que se trata tan solo de una teoría.

En Escocia encontraron evidencia innegable de la existencia de Logias operativas de talladores de piedra. Dichas Logias se definían desde el punto de vista geográfico (territorial) y constituían unidades de control de la actividad operativa con el respaldo de leyes estatutarias. También obtuvieron evidencia indiscutible de que las Logias Operativas escocesas comenzaron a admitir, durante el siglo XVII, miembros no operativos en calidad de Masones aceptados o gentilhombres Masones (accepted or gentlemen masons) y que a comienzos del siglo XVIII, en algunas Logias los Masones aceptados habían pasado a predominar.

Estas Logias, a su vez, se convirtieron en logias Especulativas, mientras que las otras mantuvieron su carácter puramente Operativo. Las Logias Especulativas eventualmente se unieron para formar la Gran Logia de Escocia en 1736.

Investigadores de la escuela auténtica también descubrieron referencias claras acerca del uso en esas Logias de una palabra Masónica (7) y de modos secretos de reconocimiento que le permitían a los Masones operativos de buena fe, obtener trabajo o sustento cuando viajaban al territorio de otra Logia. Al unir esos hechos los historiadores románticos parecían contar con pruebas de una transición gradual de la Masonería Operativa a la Especulativa.

La falla de su razonamiento consistía en suponer que al no ser operativos los Masones aceptados en las Logias operativas escocesas, entonces tenían que ser necesariamente especulativos, o que por lo menos debía existir una implicación acerca de la actividad especulativa de la Logia, derivada del hecho mismo de su aceptación.

Hasta la fecha no ha aparecido evidencia alguna que apoye dichos supuestos. De hecho la evidencia encontrada parecería señalar a los no operativos como simples miembros honorarios de las Logias, adoptados del mismo modo que hoy se adoptan prominentes personalidades como miembros honorarios de clubes, sociedades o instituciones con las cuales no tienen vínculos profesionales o vocacionales.

Cuando la escuela auténtica procedió a examinar los registros ingleses, sus investigadores no pudieron encontrar evidencia alguna de la existencia de Logias operativas. En tiempos medioevales la Logia de los operativos había consistido simplemente en una choza o depósito anexo al lugar de trabajo, en el cual guardaban las herramientas y tomaban descanso y refresco. Alrededor del año 1600 el sistema de guildas se encontraba prácticamente moribundo con la excepción de las Compañías de Caballerangos y Transportadores de Londres (London Livery Companies). Tampoco existía evidencia de una «palabra masónica» inglesa o de medios secretos de reconocimiento entre los operativos ingleses.

Toda la evidencia hallada acerca de la Masonería no operativa -o de aceptación- tenía un contexto no operativo y entre los nombres encontrados y que podían ser verificados y cruzados con otra evidencia, muy pocos tenían siquiera la más tenue relación con la construcción o la arquitectura.

La Masonería de aceptación (existen aún dudas acerca de si la Masonería del siglo XVII puede denominarse especulativa), sencillamente parece haber surgido en Inglaterra como una organización nueva sin ninguna conexión previa con el oficio operativo. A pesar de esta carencia de pruebas la escuela auténtica ensambló conjuntamente los hallazgos hechos en Escocia e Inglaterra y construyó la teoría de la transición operativa-especulativa acerca de los orígenes de la Francmasonería (8), sin tener en cuenta las diferencias y discrepancias entre los dos conjuntos de evidencias.

Ante todo pasaron por alto, o ignoraron, el hecho de que la Masonería no operativa se estaba desarrollando en Inglaterra cuando las Logias operativas escocesas comenzaron a aceptar miembros no operativos. Si las Logias operativas escocesas constituyeron el medio de transición, ¿cómo podía existir ya en Inglaterra la Masonería puramente no operativa?

La búsqueda de un vínculo directo no se confinó a las Islas Británicas, ni al período de la denominada «Asamblea de York». Se hicieron intentos de encontrarle un parentesco clásico como descendiente de los Collegia Fabrorum romanos (las escuelas de constructores de la época), pues además la palabra «escuela» parecía llevar implícita la existencia de un culto filosófico o «mistérico» ligado a los constructores romanos. La leyenda de los Magistri Commacini (Maestros Comacinos), parecía brindarle un fundamento religioso al Oficio. Se afirmó que los hábiles y renombrados masones de la región del lago de Como, en el norte de Italia, poseían secretos tan recónditos susceptibles de ser comunicados a otros operativos, que fueron constituidos en una Orden mediante una bula papal (bula inexistente en la realidad). Se decía que habían recibido instrucciones de viajar por Europa para compartir sus habilidades y «misterios».

Es notoria la ausencia de evidencia acerca de su existencia real. Se revisaron diligentemente las tradiciones y registros de los Steinmetzen alemanes y del Compagnonnage francés en busca de rastros de algún elemento especulativo, mas no se encontró ninguna. La evidencia nos remite siempre de nuevo a la aparición de la Masonería no operativa en Inglaterra durante el siglo XVII.

La teoría de una filiación directa de la Masonería operativa sigue teniendo sus partidarios, especialmente el difunto y muy reverenciado Harry Carr; pero algunos investigadores actuales que trabajan en la tradición de la escuela auténtica están inclinándose por considerar la probabilidad de un vínculo indirecto con los operativos (9). En vez de buscar las pruebas de una filiación directa, están explorando la posibilidad de que los fundadores de la Masonería especulativa se hayan encubierto bajo la apariencia de una organización o guilda para desarrollar actividades e ideas que era imposible practicar o profesar abiertamente en la época.

El período en el cual se cree que evolucionó la Francmasonería -finales del siglo XVI y transcurso del siglo XVII- se caracterizó por la estrecha relación entre la política y la religión. Durante esos años las diferencias de opinión en estas materias podían dividir las familias y eventualmente conducir a guerras civiles. Particularmente en lo que concierne a la religión, existían sanciones legales contra aquellos que decidían no seguir los dictados del Estado. Surgen por sí mismas, en consecuencia, dos ideas posibles en relación con el origen de la Francmasonería durante ese período.

Primero, que los fundadores eran un grupo opuesto a la intolerancia política y religiosa del Estado, que deseaban reunir hombres de diferentes concepciones políticas y religiosas pero que compartieran un objetivo de mejoramiento social. Puesto que se encontraban en una situación en la cual dichas concepciones eran consideradas subversivas, se restringía absolutamente la discusión de estos asuntos con quienes no fuesen miembros. Estos rasgos parecen haber existido desde que se originó la Francmasonería.

Segundo, que los fundadores eran un grupo de religión cristiana no conformista, que se oponía a la dominación de la religión por parte del Estado. Dicho grupo no se proponía deponer la religión predominante, sino que deseaba promover la tolerancia y la creación de una sociedad en la cual los hombres fueran libres de seguir los dictados de su conciencia en materia religiosa.

Existe un objetivo común en ambos grupos: la promoción de la tolerancia y la consiguiente creación de una sociedad mejor. El uso de la alegoría era una técnica didáctica común en la época: ¿qué mejor alegoría para representar la creación de una sociedad superior que la construcción de un edificio? Existía inclusive una metáfora bíblica a la mano: la construcción del Templo de Salomón.

Una vez establecido el marco alegórico, se seguía lógicamente el paso de adoptar la forma de una guilda o corporación de constructores. Así las reuniones se convirtieron en Logias, los oficiales principales pasaron a denominarse Maestro y Vigilantes y las herramientas de trabajo del tallador de piedras fueron utilizadas tanto por sus funciones materiales prácticas, como por su valor simbólico.

Una teoría alternativa de filiación indirecta ha sido presentada recientemente. Ella asocia los orígenes con los aspectos caritativos más que con los planteamientos filosóficos (10). Considera a la Francmasonería como un desarrollo del creciente movimiento de autoayuda surgido en el siglo XVII. Al no existir un sistema estatal de protección y seguridad social, aquellos que enfermaban o pasaban penalidades económicas dependían de la caridad local y de las rígidas estipulaciones de la Ley de Pobres. Diferentes agrupaciones gremiales comenzaron a organizar sus propios sistemas.

Cuando se reunían a departir amistosamente en tabernas y posadas, mantenían una caja a la cual los miembros aportaban cuotas durante cada reunión y de la cual los mismos miembros podían tomar dinero en tiempos de necesidad. En virtud de esa práctica, dichas agrupaciones recibieron el nombre de Clubes de Caja (Box Clubs).

La pertenencia a estos clubes estuvo reservada en un comienzo a los miembros de un gremio en particular, y existe evidencia de que en los clubes se utilizaron rudimentarios ritos de iniciación. Parece ser también que, al igual que las logias operativas escocesas, los Clubes de Caja comenzaron a admitir miembros que no estaban vinculados directamente con su gremio particular.

Se ha evocado la posibilidad de que la Francmasonería haya surgido originalmente tan solo como un Club de Caja para Masones operativos, los cuales posteriormente comenzaron a admitir miembros de otros gremios. La posibilidad de que la Francmasonería hubiese sido básicamente una sociedad de orientación gremial por la época de la creación de la primera Gran Logia en 1717, fue planteada por Henry Sadler (11).

Él sugirió que una lucha por el control de las Logias, tuvo lugar a comienzos de la década de 1720 entre los miembros originales de orientación gremial y aquellos que fueron llevados a las Logias por la influencia del Dr. John Teophilus Desaguliers y otros, y que la Francmasonería auténticamente especulativa no surgió sino cuando este último grupo ganó el control y comenzó a transformar a la Francmasonería de una sociedad de beneficios en un sistema de moral, velado en alegoría e ilustrado por símbolos».

También se ha buscado en otras organizaciones el origen de la Francmasonería. Una teoría ahora descartada pero que conservó credibilidad por largo tiempo veía en la Francmasonería la descendiente directa de los Caballeros Templarios medievales.

Se afirmó que, luego de la supresión de la Orden de los Templarios y de la muerte de Jacques de Molay, su último Gran Maestro en 1314, un grupo de caballeros escapó a Escocia. Una vez allí se reunieron en el misterioso monte Heredom cerca de Kilwinning y, temerosos de ulteriores persecuciones se transformaron en Francmasones, convirtiendo los supuestos secretos de los Templarios en los secretos de la Francmasonería.

Desafortunadamente para los partidarios de esta teoría, el misterioso monte de Heredom no existe (aunque había de constituirse en un elemento central de numerosos grados adicionales inventados en la Francia del siglo XVIII).

Tampoco es verídico que los Templarios hubieran sido perseguidos en Escocia. Formaron, por el contrario, parte de la vida política y religiosa de Escocia hasta la Reforma, siendo el Prior de Torpichen (el principal Priorato Templario de Escocia), por derecho propio, uno de los Lores Espirituales del gobierno escocés.

Sin embargo, la leyenda escocesa siguió ejerciendo su atracción romántica. El reverendo Dr. George Oliver declaró que poseía un manuscrito del siglo XVIII el cual se refería a lo que él denominó el Rito de Bouillon, un ritual de los tres grados azules, en el cual se le informaba a los recipiendarios que ellos eran descendientes de los Templarios.

El manuscrito de Oliver se conoce solamente en copias que datan del siglo XIX y un examen de su contenido muestra un ritual altamente desarrollado para los tres grados azules, el cual incorpora muchos de los cambios y adiciones rituales realizados después de la unión de las dos Grandes Logias inglesas en 1813.

Algunos han buscado los orígenes de la Francmasonería en el Rosacrucismo, ya sea como una manifestación británica de la fraternidad Rosacruz, o como una escisión de la corriente principal del Rosacrucismo(12). No es éste el lugar para discutir acerca de la existencia o no de una Fraternidad Rosacruz. Cualquiera que sea la verdad a ese respecto, lo cierto es que la idea Rosacruz se ha mantenido entretejiéndose en el pensamiento europeo desde su aparición a comienzos del siglo XVII.

Los únicos factores comunes a la Francmasonería y al Rosacrucismo son la idea central de la creación de una sociedad ideal y el uso de la alegoría y el simbolismo para impartir ese ideal a sus iniciados. Hasta allí llega la similitud. No existe un acervo común de simbolismo y ambos se desarrollaron a lo largo de caminos diferentes. No existe evidencia que demuestre un origen común o el desarrollo del uno a partir del otro.

Mucho se ha tratado de utilizar para estos efectos el hecho de que Elías Ashmole, el primer iniciado no operativo del que se tiene noticia cierta, también se interesaba en el Rosacrucismo; pero nada se dice de los demás Masones aceptados conocidos, que no tenían relación con la Rosacruz (ya fuese real o imaginaria), ni acerca de los Rosacruces declarados que no tuvieron vínculos con la Masonería de aceptación.

La escuela no auténtica posee cuatro enfoques principales, los cuales podrían ser clasificados como el esotérico, el místico, el simbolista y el romántico. Las cuatro aproximaciones tienen dos factores en común: la creencia de que la Francmasonería existe desde «tiempo inmemorial», y una aparente incapacidad para distinguir entre el hecho histórico y la leyenda. Las escuelas esotéricas y místicas están de hecho interesadas en la transmisión de ideas y tradiciones esotéricas, lo cual constituye en sí una línea de investigación válida.

Lo que ocurre es que al acercarse a su objeto convierten similitudes entre grupos muy separados en el tiempo en evidencia de una tradición continua transmitida de un grupo al otro. Es decir, en una especie de sucesión apostólica esotérica. Los seguidores de estas escuelas tienden también a profesar ideas heterodoxas acerca de la naturaleza y propósito de la Francmasonería, atribuyéndole implicaciones místicas, religiosas e inclusive ocultas que nunca ha tenido.

Los partidarios de la aproximación esotérica toman los principios, los rituales, las formas, los símbolos y el lenguaje de la Francmasonería y rastrean similitudes en los otros grupos (ignorando el hecho de que los principios y muchos de los símbolos son universales y no particulares a la Francmasonería). Suponen que esas similitudes no son fortuitas sino deliberadas y constituyen, por lo tanto, prueba de una tradición continua.

Colocan también gran énfasis en los grados adicionales, revistiéndolos de una antigüedad espuria y viendo en ellos un contenido esotérico y un simbolismo mucho mayores de los que jamás se intentó imprimirles. Al ver en el conjunto de las diversas ramificaciones de la Francmasonería un rito iniciático coherente, cosa que no es, la escuela esotérica la compara con otros ritos iniciáticos, encuentra similitudes -reales o impuestas- y supone un parentesco. John Yarker es probablemente el mayor exponente de esta escuela. Su opus mágnum, «Las escuelas arcanas» (Belfast, 1909), es un monumento a la erudición mal aplicada.

No solamente revela la amplitud de sus lecturas, sino también su dificultad para digerir, o en algunos casos incluso para entender aquello que había leído. A primera vista parecería que trabajase en la escuela auténtica ya que hace constante uso de «evidencia documentaria».

Un examen más detenido muestra que él no efectuaba un análisis crítico de sus fuentes, con lo cual aceptaba como hechos las leyendas, la tradición y el folklore a la vez que negaba hechos reales adecuadamente domentados. Yarker estaba firmemente convencido de que la Masonería había existido entre los talladores de piedra operativos de la Edad Media y que ellos habían trabajado en una compleja serie de grados que abarcaba los tres grados azules (El Oficio) y muchos de los grados adicionales.

Creía también que dicho sistema había declinado y que su «resurgimiento» en el siglo XVIII constituía un renacimiento pero en una forma distorsionada. Para poder aceptar las tesis de Yarker, tendríamos que aceptar que los talladores de piedra medioevales eran hombres intelectualmente preclaros, dotados con el manejo de unas ideas que no ingresaron en el acervo de la filosofía occidental hasta después del Renacimiento.

Yarker vio la Francmasonería como la culminación o el summum bonum de todos los sistemas esotéricos. Al fracasar en la «depuración» del sistema existente, Yarker introdujo desde los Estados Unidos el Antiguo y Primitivo Rito de la Francmasonería. Este rito combinaba y reducía los noventa y siete grados del Rito de Misraim y los noventa y cinco grados del Rito de Menfis, convirtiéndolos en un popurrí de Egiptología, Gnosticismo, Rosacrucismo, Cábala, Alquimia, Misticismo Oriental y Cristianismo.

Resume perfectamente la mente ecléctica y acrítica de su principal promotor en Inglaterra. Este Rito a duras penas sobrevivió a la muerte de Yarker.

Tal vez los representantes más característicos de la escuela mística son el Reverendo George Oliver y A. E. Waite.

Oliver fue un ferviente fundamentalista predarwiniano que creía firmemente que la Francmasonería era esencialmente cristiana y había existido bajo una forma u otra desde el comienzo de los tiempos. En varios sentidos pudo haber sido el progenitor de la escuela auténtica. Leía con avidez cualquier libro masónico a su alcance y coleccionaba hasta las piezas de evidencia más ínfimas que podía encontrar; pero al igual que Yarker, su forma de lectura era acrítica y se inclinaba por la invención cuando escaseaba la evidencia.

Waite, como Oliver, creía que la Francmasonería era esencialmente cristiana tanto en su origen como en su carácter.

Él creía que la Francmasonería tenía sus raíces en el sistema de las guildas; pero que había sido convertida en un sistema místico. Sus rituales, en particular aquellos de los grados adicionales, contendrían conocimiento secreto dentro de la tradición de los Misterios.

Su desorganizada «Nueva Enciclopedia de la Francmasonería», en la cual hizo un pesado énfasis sobre los grados adicionales, tanto existentes como extintos, fue demolida por la crítica de la escuela auténtica en el momento de su publicación en 1921.

La escuela simbolista busca los orígenes de la Francmasonería mediante la comparación y la correlación del simbolismo y del lenguaje ritual, y trata de encontrar la filiación directa entre la Francmasonería y varias religiones, cultos, misterios y sociedades.

Al igual que la escuela esotérica, esta línea de investigación posee cierta validez; pero como una antropología del simbolismo y no como investigación acerca de los orígenes de la Francmasonería.

La incidencia de ciertos símbolos, gestos y terminología condujeron a esta escuela a comparar la Francmasonería con religiones de los amerindios, ceremonias Mayas, rituales mitraicos y aborígenes, pinturas de templos egipcios, marcas de casta hindúes, etc. El problema es que los símbolos Masónicos no son exclusivos de la Francmasonería, sino que son universales.

Dentro de la escuela simbolista se encuentran quienes han buscado el origen del ritual Masónico mediante la exégesis de obras de escritores bien conocidos, con el fin de encontrar ejemplos de «lenguaje masónico».

El más excéntrico de ellos fue probablemente Alfred Dodd, quien se convenció a sí mismo que Shakespeare (llámese Shakespeare, Bacon o Marlowe) compuso el ritual del Oficio (13).

En un sentido, los seguidores de la escuela romántica se acogen a la tradición andersoniana, ya que implícitamente creen en la conexión directa entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa, bien sea que dicho vínculo se remonte a Adán, Salomón o a los constructores medioevales.

Difieren de la escuela auténtica por su rechazo a, o su desconocimiento de las numerosas formas en las cuales la Francmasonería ha cambiado y se ha desarrollado durante el período para el cual existen registros históricos. Están dispuestos a creer que el ritual ha sido practicado desde tiempo inmemorial, bien sea en sus formas fundamentales o bien conservando íntegramente su detalle.

La carencia de conocimiento acerca del origen de la Francmasonería y la variedad de aproximaciones que existen para enfocar este interrogante, explican tal vez la intensidad con la cual se investiga y la persistente atracción que ejerce.

La ausencia de dogmas oficiales implica que cada miembro de la Orden puede conferirle al ritual tanto o tan poco significado como desee. Ni siquiera en Inglaterra existe un patrón, ya se trate de un ritual controlado de manera centralizada o de una interpretación del ritual que deba ser aceptada por todas las logias.

El que alguna vez lleguemos a estar en medida de descubrir los verdaderos orígenes de la Francmasonería, es un interrogante que queda abierto.

«Los registros y documentos relacionados con la construcción medieval han sido revisados en su totalidad; pero los archivos religiosos, familiares y locales permanecen prácticamente inexplorados. Por otra parte, de ser cierta la afirmación de Anderson de que numerosos manuscritos fueron quemados deliberadamente en 1720 «por algunos hermanos preocupados de que dichos papeles fuesen a caer en manos extrañas», es bien posible que la evidencia crucial que buscamos ya esté perdida».

R:. H:. John Hamill, Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra y Past Master de la Logia de investigación Quatuor Coronati N° 2076.


Notas
[1]. Siguiendo la tradición masónica inglesa, el autor denomina El Oficio (The Craft) al conjunto de los tres grados fundamentales de la masonería y de sus miembros. Los tres grados fundamentales, Aprendiz, Compañero y Maestro, también se conocen como masonería azul.
[2]. James Anderson, Las Constituciones de los Francmasones. Con la historia, obligaciones, reglamentos Etc. de esta muy Antigua y Venerable Fraternidad, Londres, 1723.
[3]. Las Constituciones Góticas (Gothic Constitutions) son la recopilación de preceptos corporativos también conocida como Los Antiguos Deberes (The Old Charges)
[4]. Para una discusión sobre el tema de la leyenda de York, ver Begemann AQC 6 (1893); Gould AQC 5 (1892); Oliver AQC 61 (1948); Speth AQC 6 (1893) y Alex Horne La Leyenda de York en los Antiguos Deberes (The York Legend in the Old Charges) (Shepperton; A. Lewis, 1978). AQC: Anales de la Quatuor Coronati, Logia de estudios históricos perteneciente a la Gran Logia Unida de Inglaterra.
[5]. Anderson es la única fuente que puede citarse para sustentar la idea de que los eventos de 1717 constituyeron una restauración.
[6]. Los Pocket Companions comenzaron a aparecer en 1735 y eran una mezcla poco afortunada de plagios de las reglas y el recuento histórico de Anderson, junto con varios deberes y oraciones.
[7]. Ver Douglas Knoop, La Palabra Masónica (The Mason Word), AQC 51(1938).
[8]. El recuento más reciente de la teoría de la transición operativa-especulativa es 600 Años de Ritual del Oficio (600 Years of Craft Ritual) de Harry Carr, texto que se encuentra en el libro El Mundo de la Masonería de Harry Carr (Harry Carr’s World of Freemasonry) publicado en Londres por A. Lewis, 1984.
[9]. Ver C.F.W. Dyer, Algunas reflexiones acerca del origen de la Masonería Especulativa (Some Thoughts on the Origin of Speculative Masonry), AQC 95 (1982).
[10]. Andrew Durr, El origen del Oficio (The Origin of the Craft), AQC 96 (1983).
[11]. Henry Sadler, Hechos y ficciones masónicos (Masonic Facts and Fictions), Londres 1887; reimpreso por Wellingborough (Aquarian Press, 1984).
[12]. Ver J. S. M. Ward, La Francmasonería y los antiguos dioses (Freemasonry and the Ancient Gods) segunda edición (Londres, 1926). A. E. Waite, La tradición secreta en la Francmasonería (The Secret Tradition in Freemasonry), (Londres, 1911).
[13]. Alfred Dodd, Shakespeare: creador de la Francmasonería (Shakespeare: Creator of Freemasonry) (Londres, circa 1935) y ¿Fue Shakespeare el creador de los rituales de la Francmasonería? (Was Shake- speare the Creator of the Rituals of Freemasonry?), (Liverpool, sin fecha).



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