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viernes, 25 de enero de 2008

YO, PITAGORAS


No se quién o quienes encontrarán estos escritos míos. Sólo sé que es necesario que yo escriba para el futuro.

Generalmente un hombre es juzgado por lo que dicen de él. Yo, además, quiero ser juzgado por lo que digo de mí mismo, y por eso deseo escribir la historia de mi vida

Nací en la ciudad fenicia de Sidón, y de muy chico fui llevado a la patria de mi padre: Samos, una tranquila isla del mar Egeo. Si no ha sido destruida por la acción volcánica antes de que estos escritos hayan sido encontrados, y si a los lectores les gustan los bellos lugares, espero que dejen de visitar la isla de mi juventud. Mi padre fue Mnesarco, un mercader de anillos que tuvo mucho
éxito y ganó mucho dinero. Amaba los placeres, pero amaba las virtudes también.

Mi creencia es que los placeres son cosas mortales, y que las virtudes, por el contrario, son inmortales. Mi madre fue Pitáide, de la línea de Anceo, fundador de Samos en el pasado lejano

Mis padres habían consultado el famoso oráculo de Delfos, y éste les había prometido un hijo que sería útil a los hombres de todos los tiempos. Crecí, y mis padres me dejaron estudiar en varias ciudades de la Magna Grecia con los maestros más sabios de esa época. El estudio me amplió los horizontes, pero ninguno de estos sabios me dejó satisfecho. Las enseñanzas eran contradictorias, y yo desde temprana edad buscaba la unidad del saber y de todas las cosas.

Me di cuenta de que hay tres mundos. La tierra, el cielo y en medio, la humanidad. Se me ocurrió que en la síntesis de los tres mundos debe estar el secreto del cosmos. El ver un triángulo equilátero sobre la entrada de un templo (como la letra "delta" de nuestro alfabeto) me abrió los ojos a la naturaleza Triple del hombre y del universo, coronada por la unidad divina Supe que la unidad pertenece y lleva al bien, la diversidad al mal.

Decidí viajar a Egipto para iniciarme en los misterios de Heliópolis. El tirano de Samos, Polícrates, me dio una carta de recomendación dirigida a Amasis, el rey de Egipto. A pesar de ésta, fui muy mal recibido en ese país. Acepté el reto con pruebas, de tentaciones, de miedos, de sustos y de éxtasis. Viví mi muerte aparente, seguida por mi resurrección. Los sacerdotes, para entonces convencidos de mi pureza y de mi deseo de aprender, me abrieron las puertas de todos sus conocimientos.

La fuerte disciplina a la cual me había sometido me enseñó la enorme potencia de la voluntad humana. Entre otras ciencias, estudié la ciencia de los números, la sagrada matemática. Más tarde conseguí cierta fama por haber derivado un teorema sobre el hecho de que el cuadrado de la hipotenusa del triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. El ángulo recto o escuadra, siempre fue un símbolo muy poderoso para mí.

Llegué a ser el máximo sacerdote de todo Egipto. De repente vino una guerra con Babilonia que perdimos, y fui llevado a la fuerza a ese país. Allí encontré sacerdotes caldeos, magos persas, expertos fenicios y sabios judíos. Todos me enseñaron y de todos aprendí, ya que me quedé en ese lugar unos 12 años.

...Los egipcios se especializaban en la geometría, los fenicios en la aritmética, los judíos en la religión y los caldeos en los estudios del firmamento. Para poder finalmente volver a Grecia necesité un pasaporte especial, que me dio el rey.

Una vez en Grecia, me dediqué a visitar todos los templos. Y por fin llegué a Delfos, adonde habían ido mis padres tantos años antes.

Sobre la puerta estaba escrito "GNOTHI SEAUTÓN". Conócete a ti mismo. Este dicho era de Quillón, el Lacedemonio, a quien le contestó mas tarde Tales, el Milesio, con "DIFICIL ES CONOCERSE A SÍ MISMO".

También estaba otro escrito que decía "QUIEN NO TIENE LAS MANOS LIMPIAS QUE NO SE ACERQUE". Pensé mucho sobre el significado del "GNOTHI SEAUTÓN". El griego es una lengua compleja y con sutilezas que las lenguas de los bárbaros no tienen. "GNOTHI" deriva de la palabra "GNOSIS", que puede significar: conocimiento, entendimiento, revelación, penetración, perspicacia o sabiduría mística. Para mí el significado es un "darse cuenta" divino. Nadie puede, nadie debe hablar de los misterios si no tiene ese "darse cuenta" divino. La segunda parte de la frase agrega "Y CONOCERAS AL UNIVERSO Y A LOS DIOSES".

El arte de la divinación se había casi perdido. Yo no necesitaba consultar al oráculo, sólo quería dar energía y entusiasmo a sus intérpretes, los sacerdotes de Apolo de ambos sexos en Delfos, quienes estaban desganados y perezosos. Pude hacerlo con la ayuda de una joven sacerdotiza.

Ya no era posible para un hombre libre vivir bajo la tiranía de Polícrates, y decidí dejar Samos para siempre. Me fui al lugar purificación de los tres veces tres días rituales.

Llegué a Crotona, una ciudad en el fondo del Golfo de Táranto. Allí fundé mi escuela.

El senado de Crotona hizo construir para mí un edificio en medio de bellos jardines plantados con acacias, laureles, lirios, rosas y muchas otras plantas y flores. Siempre había abejas en los jardines. Estos insectos son amigos de las flores y de los hombres, y ejemplo universal de la vida en comunidad. El pueblo llamaba al instituto pitagórico el "Templo de las Musas", y a mi casa el "Santuario de la Verdad". Yo era muy duro en la selección de nuevos alumnos. Estos, una vez aceptados, compartían debates, deportes, comidas y descansos con alumnos más avanzados. Los más antiguos escuchaban a los más nuevos con atención, y yo los observaba a todos.

El neófito debía pasar una noche a solas en una profunda cueva que se decía llena de espíritus malignos del mundo de las tinieblas. Cada aspirante era encerrado en una pequeña celda con una pizarra, un poco de pan, un poco de agua y una débil luz. Se le pedía que encontrara el significado de alguno de nuestros símbolos. Por ejemplo, se le preguntaba "Que significa un triángulo inscripto en un círculo?". Después de 12 horas se sacaba al candidato para que explicara su solución a los demás. Estos tenían la consigna de reírse del nuevo alumno, y de hacerle bromas de todo tipo. El candidato salía de la celda cansado, nervioso y sin una solución al problema dado. Los pocos que aguantaban todas las pruebas eran solemnemente iniciados en el Primer Grado, y felicitados por sus nuevos compañeros de estudio.

PRIMER GRADO (APRENDIZ)

El recién iniciado debía pasar entre 2 y 5 años en este Grado. Debía mantener un silencio absoluto y no podía discutir nada. Debía escuchar a los demás con respeto, y meditar profundamente sobre todo lo escuchado. Siempre pensé que la enseñanza moral debe preceder a la filosófica. Yo era vegetariano desde mucho tiempo antes, así que pedí a los alumnos que no comieran carne, y en lo posible, que se nutriesen con manjares sin cocinar o poco cocidos, que son los más sanos.

Les decía de abstenerse de comer habas, ya que éstas son parecidas a la carne humana y tienen la forma de un feto de hombre. Mi desayuno era pan de colmena o miel, y mi comida principal era pan de mijo o torta de cebada, con verdura cruda o muy poco hervida.

Les decía de mirarse en un espejo bajo la luz del sol, no bajo la luz de una lámpara. Debían entender que, simbólicamente, la luz de una lámpara es una mente con poco conocimiento, y la luz del sol es una mente abierta y bien instruida.

Mostrábamos a los recién iniciados que los dioses, tan distintos en apariencia, eran en verdad los mismos en todos los pueblos. Ellos debían aceptar y respetar todos los cultos, debían creer en la unidad de los pueblos del mundo, y en la unidad de todas las religiones. Ellos apenas llegaban a ver, pero todavía con poca claridad, la divina Psique, el alma humana. En la profundidad de los misterios todos los dioses se reducían a uno, al único Dios Supremo. Era necesario que esto le llegara a cada no de ellos. También se les enseñaba el poder de la música (o armonía) y de los números. Yo mismo les decía que los números contienen el secreto de todas las cosas. Esta era mi primera gran enseñanza. Mi segunda gran enseñanza explicaba la trasmigración de las almas, tan mal entendida por tantos.

La purificación del alma del nuevo iniciado iba acompañada por la purificación de su cuerpo con higiene, abstinencia y disciplina. Esto le servía para vencer las pasiones carnales. Las comidas eran sanas y frugales y el tiempo transcurría pacíficamente. En alguna fiesta muy especial, hacía juntar a los iniciados de todos los Grados y de ambos sexos. Todos se respetaban entre sí y todos se comportaban como hermanos y hermanas.

Las vestimentas de mis alumnos eran sencillas y sólo se diferenciaban por los colores. El Primer Grado la usaba blanca; el segundo, celeste; el tercero, púrpura y el cuarto, escarlata.

Yo, para cerrar el círculo, usaba vestimenta blanca igual a los de Primer Grado.

2 comentarios:

El Shoin dijo...

exelente no habia tenido la oportunidad de leer esto. saludos fraternos q.:q.: h.:h.:

Anónimo dijo...

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